Noticia: EL AGUA COMO FACTOR LIMITANTE DEL DESARROLLO DOMINICANO | 24-11-2005 |
Introducción. En las primeras semanas del presente año, 2003, el tema del uso o abuso del agua por los dominicanos se ha estado discutiendo. Ha ocupado las páginas de los diarios nacionales y los más preocupados, han editorializado al respecto. En razón de la importancia del tema, decidimos investigar los asuntos más relevantes del agua dominicana y presentarlos en este trabajo, no sólo como una contribución al conocimiento del mismo en el ámbito científico-técnico, sino además, este reporte ha sido redactado en forma sencilla, de manera que pueda ser divulgado a nivel general. Su publicación, esperamos, contribuya a crear conciencia de la imperiosa necesidad de: Primero, construir sistemas eficientes que permitan al usuario economizar agua, segundo, exigirle al usuario un uso responsable del agua. Debe entenderse que si los sistemas que se construyen, tanto en riego como en abastecimiento humano, no son eficientes, no están bien diseñados y construidos, es imposible que el uso pueda ser eficiente. Este es un principio viene siendo aceptado como un precepto indudable desde que Heissenberg expuso su teoría cuántica por los años 1930, así como es imposible medir con precisión un milímetro con una vara de diez (10) metros, también lo es hacer un uso eficiente del agua a partir de un sistema ineficiente por diseño y construcción. Por tanto, aunque las instituciones que manejan la toma, preparación y distribución del agua sacrifiquen, tanto como quieran, el bolsillo de sus clientes, es previsible predecir que la eficiencia de uso mejorará poco; la inconformidad, sin embargo, ganará la carrera. El problema del agua en la República Dominicana es preocupante, serio y se pondrá más difícil con el paso de los años, si no se entiende su planteamiento y en consecuencia las vías de solución. El agua dominicana se dispendia de todas las formas posibles. Tradicionalmente, desde hace muchos años, las instituciones que la sirven se han preocupado más, por agregar nuevas fuentes, que por preservar, educar y facilitar el uso racional de los caudales disponibles en las redes de riego o de abastecimiento. Los consumidores la desperdician sin piedad y quienes la usan para fines industriales, no sólo la dispendian, sino además, la contaminan sin remedo. Tratamos el agua como si dispusiéramos de un volumen anual infinito y no es así. Cantidad de Agua Dulce en la República Dominicana. El agua dulce proviene de las lluvias, éstas obedecen a un patrón de distribución anual que varía con los meses y las estaciones del año. En nuestro país las lluvias abarcan desde parte de la primavera, verano y parte de otoño, en realidad más que estaciones tradicionales, podría decirse que en la República Dominicana, las estaciones se limitan a dos: Estación lluviosa y estación seca. Los meses lluviosos van de mayo a noviembre y los de seca de diciembre a abril. Las variaciones de temperaturas de la estación lluviosa a la seca, son mucho menores que las que ocurren en los países de la zona templada. En general, las variaciones estacionales de temperatura y las características que ellas inducen en la vegetación, disminuyen con la cercanía al ecuador. El patrón general de lluvias está influenciado, podríamos decir gobernados, por fenómenos sobre los que ningún humano tiene control directo. La cantidad de lluvia que cae sobre un país o una región de un país, depende de algunos elementos dinámicos y de otros estáticos. Entre los dinámicos se distinguen los centros de alta y baja presión atmosférica. Estos se derivan del movimiento de rotación de la Tierra, que genera la aceleración de Coriolis, y, de la traslación alrededor del Sol. La rotación y traslación originan calentamientos diferenciales del globo terráqueo, los que a su vez causan desiguales densidades del aire y de las aguas de mares y océanos; desiguales densidades mueven grandes masas de aire y agua, dando origen a vientos como los alisios, el monzón, etc. O corrientes marinas como la del Golfo de Méjico, la Humbold, etc. La interacción de estas variables que se derivan de la rotación y traslación de la Tierra fija las posiciones de los centros de alta y baja presiones atmosféricas en un momento determinado. Cuando las variables cambian, también lo hacen las posiciones de esos centros, por ejemplo: El centro de alta presión sobre el Atlántico Norte normalmente se mueve de la latitud 30 norte y longitud 20 oeste que mantiene en enero, a la latitud 35 norte, longitud 40 oeste, en julio. El centro de baja presión sobre Sur América que en enero está sobre Paraguay en la longitud 23 sur y longitud 60 oeste, llega a situarse sobre la selva amazónica en julio, latitud 5 sur y longitud 60 oeste. La pareja de centros de altas y bajas presiones sobre el Atlántico Norte y Sur América, domina el movimiento de los vientos que afectan la República Dominicana y con ello, las lluvias que caen sobre el territorio nacional. La localización de los centros citados origina un patrón de lluvias que, en general, durante los meses de la estación lluviosa proviene de la costa de África, por donde está el centro de alta presión. En la estación seca, el patrón de lluvia dominicano es controlado por los frentes de altas y bajas presiones provenientes del Polo Norte y del noroeste de los Estados Unidos de América. Mayo y noviembre son los meses en los que se producen los cambios de control del Polo Norte a África y viceversa, son meses de gran inestabilidad y en consecuencia de muchas lluvias. La variable estática que tiene mayor influencia en la distribución de la precipitación sobre un país o región de éste es la orografía. Si componemos la dirección de los vientos, que a fin de cuentas, son los que traen las lluvias, con la orografía de un país, se pueden explicar las áreas de mayor o menor precipitación, sin muchas dificultades. Normalmente del lado de la montaña por donde viene el viento, llueve más que del lado atrás de la montaña. Este fenómeno es conocido en Hidrología como Influencia Orográfica. Es obvio que directamente no podemos hacer nada para cambiar la ubicación de los centros de presión atmosférica y sus movimientos anuales, los cuales son reiterativos y conocidos. Tampoco podemos hacer nada para modificar la ubicación, tamaño, altura y dirección de las cordilleras que nos adornan. En consecuencia, nada podemos hacer para variar la cantidad de lluvia que recibimos cada año. En la escala de tiempos geológicos, efectos persistentes más allá de lo razonable, pudieran llegar a crear desiertos donde había abundancia de agua. Sin embargo, la escala geológica no es significativa en este caso. No tiene sentido hablar de millones de años en este problema. Si los parámetros que fijan la cantidad de agua que cae, en promedio, sobre un país o sobre un área determinada, son invariables, también lo será el volumen de agua anual de que dispondremos. ¿Cuánta agua recibimos anualmente los dominicanos? Estimar el volumen promedio anual es sencillo, sabemos que tenemos un territorio de 48,730 kilómetros cuadrados, Km2. Promediando, además, las precipitaciones en las regiones lluviosas con las secas y las áridas, obtenemos que la precipitación anual media es de 1,410 milímetros, es decir, de 1.41 metros. La multiplicación de estos dos valores promedios, convertidos en metros, arroja un volumen promedio anual de 68,710,000,000 metros cúbicos de agua dulce. Para usar cifras más sencillas, diremos que ese volumen es equivalente a 69 kilómetros cúbicos de agua, km3, o 69 millardos de metros cúbicos, Mm3. Naturalmente, no toda el agua que precipita es aprovechable. Cuando llueve, una parte se evapora, es decir, se queda en la atmósfera; otra parte, la absorben las plantas y la transpiran, estas dos componentes se estiman en un 70 %; del restante 30 %, una porción se infiltra y llega a percolar a capas más o menos profundas de la superficie terrestre; finalmente, encontramos la que escurre por los diferentes cursos de agua y llega a lagos, embalse o al mar. En consecuencia, de los 69 Km3 en el mejor de los casos sólo podremos usar el 30 %, es decir, unos 21 Km3. En otras palabras, la que se infiltra o percola y la que escurre. Teniendo en cuenta que países como Estados Unidos de América apenas utiliza el 15.64 % de su total renovable anual, Francia el 17.49 %, Alemania el 30.01 %, España el 32.20 %; resulta evidente pasarán muchos años para que los dominicanos podamos utilizar los 21 Km3 renovables cada año. Si aprovecháramos el porcentaje de Alemania tendríamos unos 6.87 Km3 anuales. Nótese que en la actualidad la República Dominicana sólo el 14.81 % de los 21 Mm3. Esta cifra, 6.87 Mm3, de por sí, no significa gran cosa, si no va acompañada del volumen de agua que anualmente necesita una persona para vivir. El volumen requerido para vivir: el agua que consume (bebe, preparación de alimentos, limpieza y aseo personal, etc.), cultivo de alimentos, cría de ganado, recreación, etc.; depende del país, por ejemplo, los Estados Unidos de América usan 1,697 metros cúbicos por persona por año, mcppa, Francia 670; Alemania 564.88, España 900, en la República Dominicana 355. Si de “repente” alcanzáramos el nivel de desarrollo de Alemania y gastáramos igual que ellos, los recursos hídricos dominicanos sólo alcanzarían para unos 11.2 millones de habitantes. No obstante, los requerimientos de agua que impone la diferencia de latitudes y de climas entre Alemania y la República Dominicana, implican que para hacer en Santo Domingo lo mismo que en Alemania, aun consiguiendo su eficiencia y eficacia en el uso de sus aguas, un alemán consumiría más agua aquí. Ciertamente, la evapotranspiración alemana promedio es alrededor de 600 milímetros por año, mmpa, mientras que la dominicana, calculada con la misma ecuación, del orden de 1,200 a 1,400 mmpa. Por tanto, el índice de requerimientos de la RD a Alemania es 2 a 1. No obstante, teniendo en cuenta que podría suceder que procesos industriales no se rijan por este índice, podemos asumir que en vez de necesitar el doble (1,200/600), sólo sea necesario una vez y media, 1.5, es decir, que los alemanes mudados a Santo Domingo puedan hacer lo mismo que hacen en su país con 848 mcppa. En este caso, los recursos hídricos dominicanos soportarían solamente 7.43 millones de personas. En consecuencia, el agua se proyecta ya como una limitante al desarrollo dominicano. No se me escapa, que poner límites fríos es muy arriesgado. El Club de Roma, en su primer reporte, pasó por la pena de ver sus expertos dramáticamente equivocados. No obstante, los números son indicativos de lo que hemos de esperar si no variamos de curso. Ya hay signos evidentes, por ejemplo: La capital Santo Domingo, como se conocía antes de dividirla políticamente, ha tenido que importar agua de otra cuenca, la del Nizao, y, está tomando agua de lugares en los ríos Ozama e Isabela, de los que en circunstancias normales, nunca se derivaría agua para abastecimiento. Simplemente, porque en esos puntos, las cuencas de captación son prácticamente imposibles de controlar para fines de garantizar la calidad de agua de un acueducto. En el Ozama ha sido necesario construir una barrera contra la salinidad marina. Cuando se construya la presa sobre el río Haina, que ya se menciona, habremos agotado la disponibilidad de las cuencas cercanas a Santo Domingo. Santiago de los Caballeros también necesita de agua y aparentemente no tiene más fuentes cercanas disponibles, a no ser a costa del riego. El caso de La Romana es similar al del Ozama, con una barrera contra la salinidad marina y tampoco dispone de nuevas fuentes cercanas. Cantidad y Usos. El volumen promedio anual renovable en el país es aproximadamente 21 Km3, es decir, veintiún mil millones de metros cúbicos, m3. Si tuviéramos el nivel de desarrollo de Alemania, podríamos mantener unos 7.43 millones de habitantes. ¿No son dramáticas esas cifras? ¿Por qué apenas alrededor de 8 millones de habitantes? ¿Se convertirá el agua en nuestra limitante de desarrollo? Para entender el problema mejor, es necesario estudiar la estructura de uso de los países desarrollados que hemos tomado de comparación, a saber: Estados Unidos de América, Francia, Alemania y España. Los países desarrollados e industrializados como: Estados Unidos de América, Francia y Alemania; tienen una estructura de uso de agua en la que predomina el industrial: el 44 % en los Estados Unidos de América, 69 % en Alemania y 73 % en Francia. Los no industrializados como España usan apenas el 22 % para fines industriales. La República Dominicana el 1 %. En España el uso doméstico del agua es del 10 %, en Alemania es 11%, en los Estados Unidos de América es 13 % y en Francia es el 17 %. En la República Dominicana el 29 %. ¿Y cómo se comportan los sectores agrícolas de los diferentes países? España consume el 67 % con un promedio de 6,654 metros cúbicos por hectárea por año, mchaa; Alemania el 20 %, un volumen de 19,195 mchaa; los Estados Unidos de América, granero del mundo, consumen el 44 %, un promedio de 9,786 mchaa; mientras que Francia sólo consume el 10 %, un promedio de 1,780 mchaa. La República Dominicana usa el 69 % en agricultura, un promedio de 8,009 mchaa. Todos los estimados son para los años 1999 ó 2000, con excepción de Alemania que lo es para el 1988, lo cual podría ser la causa de la discrepancia versus Francia o un simple error, puesto que el consumo en Alemania no debería pasar de los 1,919 mchaa. El mayor usuario de agua en la República Dominicana es la irrigación de alrededor de 270,000 hectáreas en 1999, que constituyen el 38 % del área potencialmente irrigable. El área irrigada se ha duplicado desde el año 1968, cuando sólo eran 154,000 hectáreas. La FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura), en su reporte del 1999, estima que en irrigación se usan anualmente 2.2 Km3 equivalentes al 69 % del consumo total. Este volumen anual representa una lámina de sólo 0.815 m por metro cuadrado, es decir, 8,148 mchaa. Si esto fuera cierto, la eficiencia de riego en el país estuviera por encima del 100 %, ya que la evapotranspiración nacional anual, calculada por los métodos más ajustados, es en promedio alrededor de 0.6 a 0.7 m, mientras que métodos más usuales arrojan valores del doble, 1.2 a 1.4 m. Nótese que el país tiene regiones secas y algunas verdaderamente áridas, lo que incrementa el uso consuntivo. Naturalmente, al valor de la evapotranspiración o uso consuntivo, habría que aplicarle la eficiencia de riego para obtener la dotación o cantidad de agua que hay que aplicar a un metro cuadrado. La eficiencia para el caso de riego por inundación es teóricamente el 48 %. En la práctica dominicana, sin embargo, con suelos sin nivelar, sin obras a nivel parcelario, irrigando de noche, etc., con suerte llega al 30 %. Esto quiere decir, que el mínimo requerido por hectárea sería (0.6/0.3) 2.0 metros de lámina, es decir, 20,000 mchaa, en vez de 8,148 mchaa. Ciertamente, es posible que en algunas zonas del país se sub-irrigue y el promedio sea menor de los 20,000 mchaa, pero difícilmente baje hasta 8,148 mchaa. En todo caso, diremos que 270,000 hectáreas requerirían de 2.16 a 5.40 Km3 por año. El segundo gran consumo dominicano de agua es el doméstico. De acuerdo con la FAO, en el 1999 se consumieron 0.92 Km3, equivalentes al 29 % del consumo nacional. Ese año, según la misma fuente, habían 8,373,000 habitantes, por tanto, el consumo promedio en la República Dominicana alcanzó los 301 litros por persona por día, lpd. Esta cifra coincide con el consumo promedio mundial de 300 lpd, según lo sitúa la CAASD en declaraciones dadas a la prensa recientemente. El promedio de consumo declarado por la CAASD de entre 800 y 900 lpd, no desagrega las pérdidas, ni los usos a que se someten las aguas de los acueductos que abastecen Santo Domingo. Además de las grandes fugas en las tuberías, se sabe que con las aguas conducidas por tuberías matrices y redes se riegan: fincas, conucos, hortalizas; se cubren las necesidades de diferentes clases de ganados, granjas de pollos, etc. No obstante, es posible que en algunas pequeñas áreas de la ciudad, con grandes jardines y viviendas de clase alta, se consuman los 800 a 900 lpd. Sin embargo, la extrapolación de ese consumo a toda el área que cubre el acueducto de Santo Domingo, es indudablemente incorrecta, tanto más porque hay grandes áreas de la ciudad, mayores y más pobladas que las de alto consumo, que no reciben “el preciado líquido”, lo que obviamente baja considerablemente el promedio. Finalmente el tercer grupo de consumo o utilización lo constituye el turismo (Nótese que aquí se trata sólo del uso de lagos y ríos para recreación), la pecuaria y la industria con un 0.04 Km3 por año, equivalente al 1 %. En la tabla 1, se resumen los datos estadísticos citados. Tabla 1. Cuadro Comparativo de Usos de Agua y Disponibilidades Máximas Aprovechamiento y Comparación El uso del agua en los diferentes países puede tomarse como una medida del desarrollo de los mismos. Existen países cuyo patrón de uso de sus aguas es claramente industrial, ejemplos: Francia (73%), Alemania (69%) y algo menos en los Estados Unidos de América (44%). Aunque los Estados Unidos último usa porcentualmente en la industria, alrededor de la mitad del porcentaje de Francia, no es menos industrializado, la diferencia estriba, fundamentalmente, en que tiene una enorme disponibilidad de agua y una baja densidad poblacional comparadas con Francia y Alemania. Los países que pudiéramos calificar de agrícolas, como España (67%), la República Dominicana (69%); revierten sus porcentajes de uso. Sus porcentajes de uso de agua en la agricultura son más o menos iguales a los de uso industrial en los países que se denominan industrializados. En el uso doméstico no existe una distinción tan clara, los países más educados se manejan con un consumo de alrededor del 15 % de sus disponibilidades anuales. En estos países, naturalmente, las conducciones matrices y las redes de distribución se monitorean constantemente y se corrigen antes de que los escapes se manifiesten superficialmente porque entienden que sólo los enormes escapes de las tuberías son los que afloran. Los países que mejor manejan sus aguas domésticas cambian las tuberías de la red cuando comienzan a requerir demasiado mantenimiento. Ciertamente, en ésos el agua se sirve con presión adecuada, se mide y se paga. El en continente americano, ver tabla 2, de acuerdo con la FAO, solamente cuatro países tienen un total de usos de agua mayor que el 10 % de sus disponibilidades renovables anualmente. Estos son: Cuba con el 21.49 %, Méjico usa el 17.02 %, Estados Unidos de América el 15.65 % y la República Dominicana el 14.81 %. En nuestro país, si la observación del posible error en la estimación de la lámina de agua de riego fuera correcta, el porcentaje se elevaría a un 30 %, convirtiéndonos así, en el mayor derrochador del continente americano. Si extrapolamos por las costumbres de consumo dominicano a Cuba y Méjico y conociendo las costumbres de dispendio del pueblo norteamericano, es probable que se pueda afirmar, que los cuatro países que tienen más alto porcentaje de consumo, sean a la vez grandes desperdiciadores del agua. El dispendio puede ser por fugas en las redes e intrafamiliares o simplemente porque tienen un consumo excesivo, como es el caso de los Estados Unidos de América. El señalamiento de los cuatro países que consumen más alto porcentaje de sus disponibilidades anuales, no descarta a los demás listados en la tabla 2, puesto que se trata de países con bajas densidades poblacionales y grandes recursos hídricos. Entonces, al parecer, se puede afirmar que el continente americano es un gran derrochador de agua. Desde luego, el hecho de que el agua se dispendie en todos los países americanos o en la gran mayoría de ellos, no justifica el desperdicio, ni el mal uso del recurso vital. De la tabla 2, salta a la vista que los países o estados con menor disponibilidad total de agua por persona son: Haití con 1,724 metros cúbicos por persona por año, mcpa; Puerto Rico con 1,811 mcpa; República Dominicana con 2,509 mcpa; Cuba con 3,404 mcpa y Jamaica con 3,615 mcpa. Tabla 2 Comparación de Recursos Hídricos y Usos de Países Americanos La República Dominicana tiene un uso de sus recursos hídricos renovables anualmente del 14.81 % (ó 30.01 %), comparable con los usos de: Francia el 17.49 % y Estados Unidos de América el 15.65. Alemania usa el 30.01 % y España el 32.20 % de sus aguas anuales. Naturalmente, la eficiencia entre ellos y nosotros, hace la gran diferencia de desarrollo. ¿Qué requiere hacer la República Dominicana para alcanzar un desarrollo similar o comparable a los países europeos o Estados Unidos? Si las cifras precedentes son indicativas de la trayectoria seguida por esos países, es necesario antes que nada, mejorar la eficiencia del uso del agua en general y simultáneamente revertir la estructura de uso, aumentando los industriales y reduciendo los agrícolas. Fenómeno Interno. Hemos afirmado que la cantidad de agua que precipita sobre el territorio dominicano no depende de nosotros, sino que obedece a variables incontrolables por el ser humano. Este hecho se confirma revisando los registros de lluvia en el país y comprobando que, en promedio, recibimos ahora la misma cantidad anual, con sus ciclos de abundancia y sequía. Sin embargo, lo que SI depende de los dominicanos, es el comportamiento o manejo del agua una vez que es recibida en el país. Aquí es donde hemos fallado. De los 21 Km3 anuales, van directamente al mar de 14.69 a 17.89 Km3, es decir, entre el 70 y 85 por ciento. Lo que llamamos el fenómeno interno del agua comprende: Su recepción, almacenamiento y uso. En estos tres aspectos, la República Dominicana se maneja miserablemente. La recepción del agua lluvia debe hacerse con interposición de la vegetación, porque ésta tiene dos efectos fundamentales en la protección del agua y solum dominicanos. El primero, intercepta la gota de lluvia, le quita gran parte de la energía cinética que traía y hace que el agua llegue al suelo sin ocasionar los cráteres que de otra forma originaría. Segundo, la vegetación viva, seca o muerta que se deposita sobre el suelo, no sólo crea la capa vegetal orgánica, sino que además, reduce la velocidad de flujo del agua que llega al suelo en su trayectoria hacia, quebradas, cañadas, arroyos y ríos. La foresta, por tanto, genera dos beneficios inestimables: Evita la erosión y regula la llegada del agua a los cauces que finalmente la conducirán al mar. Estos dos aspectos son sumamente importantes en la República Dominicana, quizá más que en otros países, puesto que aquí los ríos son cortos y con grandes pendientes debido a la abundancia de montañas y sus considerables alturas. En mi práctica profesional, tuve la fortuna de trabajar en Sur América, en un área cubierta por una intensa vegetación autóctona, en esas ocasiones, todos los ríos que estudié, fluían cristalinos, a tal punto, que podía ver claramente sus fondos y los peces. Años más tarde, me impuse volver a la zona como turista. Lo que eran ríos cristalinos se habían convertido en caudales de lodo, color chocolate intenso. ¿La razón? La cuenca había sido desmontada para explotar la madera y cultivarla intensamente. La causa de los “ríos dominicanos desaparecidos” radica en la combinación de las variables que he citado: Deforestación, escasa longitud de los ríos y sus grandes pendientes promedio. Los hidrogramas de crecidas muestran que el tiempo transcurrido entre el comienzo de una lluvia intensa y corta, llamadas tormentas de verano, y, el caudal pico que se produce en el cauce de esa cuenca, prácticamente en cualquier punto, es de apenas un dos o tres de horas. Peor aun, toda la precipitación pasa como una exhalación por el cauce y el día siguiente quizá fluya algún caudal mínimo. Pasada una semana, el cauce estará seco como si no hubiera llovido. He ahí al “río desaparecido”. Hace muchos años que en el país se viene jugando con la foresta: Hacendados que “no se dan cuenta” que miles de tareas de sus grandes fincas están siendo desmontadas con equipo mecánico o por brigadas de personas especializadas; algunos encargados y personal técnico de la Dirección General de Foresta inventan “raleos”, recogidas de los árboles que tumban los ciclones y varias diabluras adicionales. Éstas nunca terminan, aunque hayan pasado años del ciclón. Así contribuyen de manera “elegante” al desastre nacional. Por otro lado, empresas privadas, probablemente engañadas, e instituciones públicas, promueven y anuncian la siembra de un millón, dos millones y más de plántulas. Un simple análisis permite develar la burla de esas campañas publicitarias, veamos: Una tarea tiene 629 metros cuadrados, digamos un rectángulo de 20 por 30 metros, sembrando las plantas a 5 metros, se podrían sembrar 35 árboles por tarea, es decir, sería necesario sembrar cerca de 28,571 tareas (En un día de campo de 10 horas, 100,000 por hora) para lograr un millón. Aunque las plántulas se siembren más cercanas, es fácil comprender que no son ciertos los anuncios. Los que tienen fincas o han luchado con siembras, saben lo que es cubrir 28,571 tareas, aunque fuera en un llano y con sembradora mecánica, ni que decir, si la siembra es en las lomas como generalmente es el caso. Alguien engaña o se engaña. En el ínterin el país y las futuras generaciones (Entiéndase sus hijos y nietos), sin dudas, son los más perjudicados. ¿Recuerda a Chacumbele o no? La República Dominicana ha invertido considerables recursos económicos construyendo presas multipropósito. Un gran acierto, ya que las presas constituyen en el manejo de recursos hídricos, lo que en economía sería el sistema de ahorro. Guardar cuando se tiene mucho para los años de dificultad. No obstante, la deforestación y el dispendio del agua terminan convirtiendo los embalses en unidades menos eficaces, disminuyen sus vida útil y efectividad. El número de tanques de almacenamiento para los acueductos que suplen las ciudades, y los rurales, se ha quedado muy atrás. Los gobiernos no han hecho las inversiones necesarias para suplir los picos de las demandas de agua en las ciudades, en los pueblos menos. En cambio, los propietarios de las viviendas han tenido que construir cisternas como sustitución a los grandes tanques que debieran estar distribuidos y funcionando en los paisajes citadinos. Con la sustitución de algunas decenas de grandes tanques de almacenamiento por ciento de miles de cisternas privadas, es decir, por micro tanques, se han introducido deficiencias graves e insalvables para el uso eficiente y racional del agua, a saber: Han aumentado las posibilidades de pérdidas en forma exponencial puesto que no es lo mismo corregir una decena de tanques al año, que treinta, cuarenta mil o más cisternas. Eso simplemente no ocurrirá. Con el agravante que las cisternas hechas de bloques de 6 pulgadas y empañetadas interiormente se agrietan fácilmente con los micro temblores que constantemente ocurren en el país, por tanto, digamos que corregidas, no es garantía de que permanecerán estancas. Sencillamente no hay forma de garantizar su estanqueidad. Por otra parte, las cisternas son fuente constante de contaminación, puesto que muy pocas son debidamente desinfectadas, se convierten en: Abrevaderos de ratones, cucarachas, culebras, insectos de todo tipo y bacterias. Las cisternas son, además, una fuente inagotable de entrada de aire a la red de distribución, pues tan pronto deja de caer agua a la cisterna, comienza a entrar aire a la red; son además, un cargo económico para los parroquianos, no sólo en cuanto al costo inicial, sino que consumen energía eléctrica constantemente; son en la práctica imposibles de controlar versus. La CAASD ha señalado algunos males de las cisternas y pide que se corrijan. Indudablemente conviene educar a la población sobre todos los aspectos negativos de las cisternas, aun así insistimos que por esa vía el uso eficiente del agua es imposible. Recuérdese, además, que las cisternas están ahí por deficiencias de la institución, a ningún habitante de una de nuestras ciudades le hace gracia mantener una cisterna. Están ahí por necesidad. En cuanto al uso, mejor dicho al abuso, que los dominicanos hacemos del agua, lo hemos estado recalcando desde el comienzo de este trabajo. Aunque las instituciones del sector estiman las pérdidas en 50 ó 60 %, a nuestro juicio, las mismas son mayores y redondean el 70 %, tanto en riego como, increíblemente, en los acueductos. ¿Cuáles son las causas de esas grandes pérdidas en riego y abastecimiento? Sistemas de riego incompletos con sólo los canales principales, sin obras parcelarias; tierras sin nivelar; compuertas inexistentes; rotas; derivaciones inadecuadas; riegos nocturnos; falta de entrenamiento de los regantes; etc. En cuanto a los abastecimientos: Redes caóticas, mal diseñadas y mal construidas, incompletas, sin los almacenamientos necesarios, llenas de aire y sin suficientes válvulas (de todo tipo); numerosos escapes en las tuberías, uso para riego y suministro animal, etc. En fin un desastre. Encima de todo esto, como si hiciera falta para completar el desperdicio, la falta de conciencia y educación ciudadanas del valor del agua. Conclusiones y Recomendaciones. En este trabajo creemos haber cubierto los aspectos principales de los recursos hídricos dominicanos: Cantidad, cantidad y usos, aprovechamiento y comparación, fenomeno interno y finalmente las conclusiones y recomendaciones. En el continente americano, la República Dominicana es el tercer estado con menor cantidad de agua disponible, 2,509 metros cúbicos por habitante por año, según las últimas estadísticas de la Organización para la Alimentación y Agricultura, FAO, año 1999. Sólo Haití y Puerto Rico tienen menor disponibilidad. Puerto Rico siendo parte de los Estados Unidos de América tiene indudablemente una eficiencia de uso adecuada y además, si llegara el momento, tendría los recursos económicos para producir agua, por vías que nos son prohibitivas a los dominicanos. En cuanto a Haití, es de conocimiento general, desde 1947, que no es un país viable. Sus recursos fueron depredados primero por sus colonizadores y explotadores, luego por sus propias gentes. Haití, sin embargo, según la FAO, sólo usa el 7.06 % de sus recursos hídricos, debido a la miseria que se enseñorea allí. La República Dominicana en cambio utiliza el 14.81 % de sus aguas, el cuarto mayor en el continente, siguiendo a: Cuba, Méjico y Estados Unidos de América; países que tienen eficiencias de uso más altas y cuyos niveles de vida promedio son mejores que el nuestro. Si la corrección de la lámina de riego que señalamos fuera correcta, el país encabeza el uso o desperdicio de las aguas del continente americano, con un 30 % de sus disponibilidades renovables anualmente. Un porcentaje prácticamente igual a países como España y Alemania cuyo desarrollo y eficiencia de uso de las aguas está lejos del nuestro. En resumen, los datos de la FAO, que cualquier persona interesada puede fácilmente comprobar, dicen que tenemos poca agua y que gastamos demasiada. Por tanto, navegamos por un derrotero desgraciado, por él, será imposible alcanzar algún nivel de desarrollo sostenible, ni siquiera comparable con el que actualmente tienen países de mediano desarrollo. ¿Qué hacer para cambiar el derrotero? En vista que no podemos aumentar la cantidad de agua que en promedio nos llega cada año, la respuesta obvia es reducir el dispendio. ¿Cómo se puede reducir el dispendio? Fundamentalmente de dos formas: Reduciendo las fugas, y, educando a la población para que consuma el agua con respeto y conciencia de los límites que su disponibilidad anual le impone al país. Estos dos objetivos sólo se consiguen mediante el trabajo mancomunado de las instituciones y la población. No es una función unilateral, ni de las instituciones solas, ni de los consumidores solos. Hasta ahora, los gobiernos de la República Dominicana han dado prioridad a la construcción de nuevas obras versus la alternativa de hacer más eficientes las existentes. Es más fácil y más “productivo” construir un nuevo acueducto o un nuevo sistema de irrigación que emprender la corrección de las redes de distribución. También es menos trabajoso buscar una empresa que cobre el costo del agua, que embarcarse en una campaña de corrección de las redes, de educación, entrenamiento y facilitación de las correcciones de escapes intra-parcelarias o -familiares. Sin embargo, no es difícil predecir que por esas rutas no llegaremos más que a la intranquilidad social, a la protesta y a las pobladas. A las compañías cobradoras sólo les interesa instalar el mayor número de medidores y recaudar la mayor suma de dinero posible, puesto que ellas reciben un monto por cada instalación y probablemente un porcentaje del monto total cobrado. En realidad, visto fríamente, a las compañías cobradoras les conviene que los contadores marquen el mayor volumen posible, es de esa manera que pueden aumentar sus entradas. La función de una institución gubernamental que capta y distribuye agua es, sin embargo, diferente a la de una compañía cobradora. El interés de la institución debe estar cifrado en el bienestar público, que incluye la conservación de los recursos para usos futuros. En consecuencia, sus objetivos se cifran en servirlos de forma eficiente, con captaciones y redes técnicamente correctas, con fugas y presiones aceptables; en educar para el consumo y facilitar la corrección de las fugas intrafamiliares; finalmente, cobrar el servicio con la visión del impacto que tendría en el presupuesto familiar. Las instituciones que manejan agua son fundamentales para la vida de los dominicanos y su desarrollo. Es extremadamente importante y delicado lograr el equilibrio entre las tres funciones que citamos en el párrafo anterior, es decir: Servirla adecuadamente, educar al consumidor y cobrar. El objetivo no es fácil pero es absolutamente necesario para sobrevivir y desarrollarnos los dominicanos. Disminuir las pérdidas a la mitad de las que tenemos, sencillamente equivaldría a duplicar la capacidad actual, disminuiría sus costos de operación, el costo para el usuario, mejoraría la producción agrícola, mejoraría la salubridad, etc. En fin, habría agua donde ahora no llega. Establecer un plan de mejoramiento de las eficiencias de riego y de acueductos, es indudablemente tedioso, duro, costoso. Sin embargo, es menos costoso que la ruta que llevamos. También es un programa a largo plazo. Por tanto, requiere una dedicación, constancia, compromiso permanente, todas éstas, cualidades poco comunes en países como el nuestro. Por otro lado, se crearían innumerables fuentes de trabajo con sus efectos multiplicadores y lo que es más importante, estaríamos preservando los recursos que van a necesitar las próximas generaciones. Un programa dominicano de esta magnitud es de tal importancia e inminencia que no deja alternativa de solución. El país tiene la capacidad técnica y los recursos económicos para hacerlo, aunque no lo parezca. |
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