Opinion: Es lo mismo con guitarra que con violín

26-11-2005


Autor: Dr. Julio Santos-Cayado

¡No, no es un error en el titular! Sabemos que el refrán dice: "No es lo mismo con guitarra que con violín". Un reflejo de la sabiduría popular. El violín es un instrumento musical que interpreta todos los sentimientos humanos, con tales autenticidad y profundidad que depende únicamente de la destreza del maestro que lo hace vibrar. La guitarra, tiene un rango más limitado en la traducción de emociones. Además, cuatro o cinco compases fundamentales y algo de voz permiten que una persona, en poco tiempo, se oiga más o menos bien. En el caso del violín, la cosa es diferente; para que su sonido no cause retorcijones de barriga, se necesitan buen oído, destreza y dedicación. Años de entrenamiento.

El derrotero que lleva nuestro amado país desde hace algunas décadas, me ha llevado a preguntarme recurrentemente y finalmente a convencerme, que en contraposición a la sabiduría popular: En la República, es lo mismo con guitarra que con violín. Lamento discrepar de los que todavía oyen ambos instrumentos de manera distinta. ¡Están equivocados!

Si los amigos de fino oído no estuvieran confundidos al oír al violín y la guitarra en forma diferentes, confieso que resulta muy difícil explicar lo que ha venido pasando en las últimas décadas. Y no en una que otra área, sector o subsector, tampoco sólo en el ámbito público y no en el privado. La similitud de la monotonía fónica de ambos instrumentos, lo abarca todo, al sector privado porque se ha enriquecido extraordinariamente en base a corromper al público, al público porque se ha dejado corromper o ha propuesto su propia corrupción.

Partidos políticos que tocaban finamente su violín en la oposición, cuando llegaron al poder. ¡Por arte de una magia extraordinaria! El violín comenzó a sonar como guitarra, cada vez más desafinado.

Políticos que se vendieron como primeros violines y concertinos; habiendo sido comprados como tales, para demostrar su virtuosidad en el proscenio maravilloso de la República Dominicana, a los pocos meses de pulsar el violín, le habían roto todas las cuerdas y ya ni a guitarra llegaba el mostrenco sonido.

Capitanes de industria y del comercio que defienden su insistentemente excelencia interpretativa frente al auditorio, quedan desnudos al conocerse las indelicadas maniobras que hicieron tras bastidores, para convertir sus títulos de guitarristas a violinistas.

Sacerdotes, pastores, ministros, clérigos y jerarquías, confunden la melodía con el tono de los instrumentos y producen fantásticas marchas político-partidistas mientras dicen que no se inmiscuyen en la política.

Los profesionales no somos una excepción, seamos periodistas, médicos, abogados, ingenieros, economistas, sociólogos, etc. Todos tocamos un instrumento por otro.

En fin, la confusión acústica nos ha llevado a perder, confundir u olvidar los paradigmas de la nación y de la sociedad. Uno a uno se han ido desafinando, ante la mirada o mejor dicho, el oído incrédulo de los espectadores que han tenido que soportar los más disonantes episodios: Votos que son válidos para unos e inválidos para otros, decretos que se sobreponen a leyes, leyes que se imponen a la constitución, cámara legislativa con dos presidentes, políticos que prefieren perder antes que gane su compañero, funcionarios que yerran gravemente y se siguen en sus cargos como si nada hubiera pasado, y, un sinnúmero de ejemplos más.

Naturalmente, al que logra pasar como violinista o concertino, siendo apenas guitarrista de seis meses, le va muy bien mientras está tocando. No le importa que a los demás se les estén perforando los tímpanos con su desastrosa asimetría. Tampoco se conforma con hacer su "interpretación" y desaparecer en el anonimato, cuando termina, quiere ostentar los honorarios que le proporcionaron su virtuosidad y los exhibe sin sonrojo.

La filarmónica República Dominicana no ha puesto en práctica real los reconocidos "checks and balances" (chequeos y balances, o, quizá sea mejor traducción: chequeos y contra chequeos) de los estadounidenses y en consecuencia, en sus filas se cuelan guitarristas por violinistas. En todo caso, si es lo mismo con guitarra que con violín, el camino de la patria no luce despejado.

Nota: Que me perdonen los guitarristas pero el refrán no lo inventé yo.



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