Opinion: Es cuestión de intereses

26-11-2005


Autor: Federico Alberto Cuello Camilo, Economista

Los países desarrollados predican el libre comercio y practican el proteccionismo. En cualquier escenario, siempre proponen lo mismo: desmontar aranceles y barreras no arancelarias, eliminar barreras a los servicios y liberalizar inversiones y compras gubernamentales. Pero también se resisten a eliminar subsidios, aranceles y cuotas agrícolas; y a revisar las arbitrarias reglas sobre medidas antidumping, las cuales aplican injustificadamente al acero y a los textiles. Así, tienen claros sus intereses: promover el comercio y la inversión de sus sectores competitivos y proteger sus sectores más vulnerables.

¿Por qué no hacer como hacen ellos y no como nos dicen que hagamos? Para comenzar, sería necesario saber cuáles son nuestros intereses nacionales. Nuestra agricultura necesita reglas sanitarias que le permitan exportar; eliminar subsidios que le permitan competir; y recibir apoyos gubernamentales menos politiqueros y más efectivos para su reorientación. El mismo acuerdo sobre la agricultura de la OMC permite al gobierno financiar el ajuste estructural (retiro de productores o detracción de recursos), subsidiar la inversión, financiar seguros de ingreso, apoyar programas ambientales y asistir a los productores en regiones desfavorecidas. ¿Cuáles de estas medidas se han tomado para preparar la agricultura para la apertura? ¿Se promoverán estos objetivos de nuestro sector más vulnerable en la nueva negociación con los EE.UU.?

Nuestra industria, sea interna o de zonas francas, necesita poder exportar en condiciones competitivas. Ello requeriría preservar las condiciones que hasta ahora le benefician, específicamente los reducidos o inexistentes aranceles y las reglas de origen preferenciales que nos ofrecen los países desarrollados. Todo parece indicar que en nuestra negociación con los EE.UU., sin embargo, se elevarán los aranceles para volver a desmontarlos gradualmente durante 5 años. Y se cambiarán las reglas de origen para requerirnos exportaciones con mayores niveles de valor agregado, producidos a partir de materia prima obligatoriamente proveniente de ese país. ¿Qué propondrán nuestros negociadores? ¿Podrán preservar e incrementar nuestras exportaciones industriales ahora que China podrá competir sin cuotas?

Nuestras industrias farmacéuticas, en particular, necesitan continuar supliendo las necesidades de nuestra población empobrecida con los productos de hoy para las dolencias del presente. En la letra, nuestras leyes lo permiten, al conferirles el derecho a obtener licencias obligatorias. Esas industrias han demostrado poder exportar a toda la región. En la letra, nada se lo impide, ni en las leyes ni en los acuerdos internacionales. Pero para poder hacer todo eso, necesitan poder importar sus insumos desde donde mejor les convenga. En la letra, nada tampoco se lo impide. Otra cosa, totalmente distinta, es la práctica administrativa en la materia. ¿Quiénes se benefician de esta situación? ¿Los pobres enfermos dominicanos o las multinacionales farmacéuticas y sus afluentes representantes locales?

Hacer como hacen los países desarrollados obligaría al equipo negociador a promover tanto éstos como los demás de nuestros intereses de manera equilibrada. ¿Podrá hacerlo la representación de un país que incluye abogados de multinacionales farmacéuticas, ciudadanos extranjeros, funcionarios con conflictos de interés entre sus negocios privados y sus funciones públicas; y personas con sonados historiales de corrupción?



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