Noticia: Apertura en 203 días | 26-11-2005 |
El Representante Comercial estadounidense, Robert Zoellick, notificó esta semana al Congreso su intención de iniciar negociaciones domínico-estadounidenses de libre comercio. En 90 días deberá presentar un estudio de impacto. Entretanto, continuará negociando el Acuerdo de Libre Comercio Centroamérica-EE.UU. (CAFTA). Según su carta, lo que se busca es integrarnos a ese acuerdo, de forma tal que el Congreso pueda ratificar un solo instrumento "siempre y cuando esto no retrase" su "entrada en vigor" a más tardar para el 31.3.2004. Así las cosas, abriremos nuestra economía a los EE.UU. dentro de 204 días. Para ello adoptaremos "esencialmente las mismas disciplinas" negociadas con Chile y Centroamérica, junto a nuevos compromisos específicos de acceso a mercados. Se combinan así los dos escenarios menos convenientes que identificáramos en un artículo anterior: el acoplamiento y la negociación bilateral. Tal parece que negociar el CAFTA en igualdad de condiciones requeriría ingresar previamente al Mercado Común Centroamericano. Acoplarnos al CAFTA luego de negociar bilateralmente a la carrera tendrá implicaciones que nunca han sido evaluadas. Para hacernos una idea, basta con examinar los objetivos específicos para el comercio de bienes enumerados en la carta del Sr. Zoellick: eliminar todos los aranceles, barreras no arancelarias y gubernamentales; acceder a nuestro mercado de textiles y confecciones; y trabajar conjuntamente para que sea en la OMC que se desmonten los subsidios a las exportaciones agrícolas. Pero resulta que los EE.UU. no subsidian sus exportaciones agrícolas. Mas bien, otorgan apoyos domésticos desvinculados del comercio. Por ello quieren mantener "la ayuda alimenticia bona fide" y "preservar" sus programas "de desarrollo de mercados y de créditos a las exportaciones". La situación se complica cuando evaluamos sus objetivos en servicios, compras gubernamentales, inversiones y propiedad intelectual, de los que surgen preocupaciones aún mayores. Este escenario se ha buscado fundamentalmente para beneficiar a nuestras zonas francas. Pero, paradójicamente, no las favorecerá. Centroamérica no ha podido integrar su comercio textil con los EE.UU. Las reglas de origen negociadas a la fecha no nos benefician. Y la autorización de la OMC para mantener incentivos fiscales hasta el 1.1.2010 no será reconocida. El resto de nuestra economía queda expuesto ahora a una súbita apertura en términos difícilmente modificables que ya fueron negociados con Chile y que serán prácticamente refrendados por Centroamérica en el CAFTA. ¿Quién se beneficiará de esta apertura promovida por negociadores con intereses privados conflictivos? ¿Cómo asegurar que defenderán ahora el interés nacional y no el de sus bolsillos? Hace falta articular el interés nacional frente a estas negociaciones. Hay que elaborar una contrapropuesta dominicana a la posición estadounidense. Hay que armonizarlas en un solo marco de negociación mutuamente vinculante. Hay que documentar las implicaciones de la liberalización para nuestros agricultores, industriales y suplidores de servicios. Hay que formular una estrategia de apertura de mercados, defensa de sectores vulnerables y compensación del costo de la liberalización. Pero más que nada, hay que contar con el liderazgo del empresariado y de la sociedad civil. Porque dentro de 204 días será demasiado tarde para volver a pedir "rectificaciones técnicas". |
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