Noticia: ¿Y ahora qué?

26-11-2005


Autor: Federico Alberto Cuello Camilo, Economista

Terminó sin pena ni gloria el tercer Consejo Domínico-Estadounidense de Comercio e Inversión. Ni siquiera adoptó otra escueta declaración de prensa. Pero gracias nuestros periodistas sabemos que ni nos acoplaremos al CAFTA ni nos sentaremos en igualdad de condiciones a negociarlo. ¿Para eso cambiamos de estrategia? ¿No era mejor madurar las cosas antes de adoptar esa política Guiliani que tanto nos ha costado y nada nos ha reportado? ¿Cómo se justifica haber involucrado tan prematuramente a nuestro Presidente? Y ahora se insiste en la opción más desfavorable: la negociación de un acuerdo de libre comercio domínico-estadounidense (DAFTA). Reevaluemos la situación a partir de los hechos.

El ALCA avanza, imparable. Más de 90% del comercio hemisférico ya se rige por reglas como las negociadas por Canadá, los EE.UU. y México en el NAFTA. Así, la estrategia de progresar hacia el ALCA a través de "bloques de construcción" subregionales está funcionando. Cualquier diferencia que persista en los textos que se negocian en Puebla podrá así ser superada. Sólo faltan MERCOSUR y CARICOM por asumir compromisos sujetos a reglas tipo NAFTA. Y sin embargo, negocian activamente el ALCA al tiempo que se consolidan internamente.

En cambio, nada permite afirmar que el DAFTA sea más que un deseo remoto. Sólo podrá iniciarse después de que el Representante Comercial estadounidense notifique al Congreso de su intención, a los 90 días, de emprender negociaciones. Conforme al precedente, sus reglas podrían definirse siguiendo el modelo de un tratado preexistente, como el Acuerdo de Libre Comercio Chile-EE.UU. Si ese fuera el modelo del hipotético DAFTA tendríamos entonces que adaptar lo negociado por Chile a las necesidades de nuestros sectores productivos, porque lo negociado en ese acuerdo no es automáticamente relevante para nuestro país. Esa adaptación deberá buscar la apertura de mercados para nuestros sectores competitivos y la protección por el mayor tiempo posible de nuestros sectores vulnerables.

Chile aplica un arancel máximo de 7%. Ese es su nivel inicial de desgravación. ¿Podremos preservar la "rectificación técnica" en una negociación con nuestro principal suplidor de importaciones agrícolas, partiendo de un nivel arancelario base tan reducido? Si Chile es tan competitivo como para tener supermercados por toda Sudamérica, ¿qué pasará con nuestra Ley 173 sobre representaciones comerciales cuando usemos como modelo un acuerdo que ya liberalizó los servicios de distribución? Si Chile expandió el plazo para las patentes de invención y renunció a autorizar importaciones paralelas y licencias obligatorias, ¿no desaparecerá nuestra industria farmacéutica cuando asumamos reglas similares? Si en Chile las zonas francas no reciben nuestros mismos incentivos ni nuestras mismas preferencias, ¿qué podrán esperar nuestras zonas francas de un DAFTA a la chilena?

Es un misterio por qué renunciamos a la vía centroamericana hacia el libre comercio con los EE.UU. Quienquiera que haya influido en esa decisión, en un DAFTA tendría aún menos margen de maniobra. ¿Qué hacer entonces? Busquemos el libre comercio con los EE.UU. a través del ALCA, negociando en coalición con MERCOSUR y CARICOM. Desechemos la política Guiliani. Y a sus ideólogos y ejecutores.



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