Opinion: Metastasis Scandalum | 26-11-2005 |
¿Qué puede significar para la sociedad dominicana que vivamos de escándalo político en escándalo político? Un día amanecemos con el caso de un Diputado que trafica chinos a través de la frontera haitiana, otra un Director General que se apropia de bienes del Estado, más allá un Ayudante Civil del Presidente vinculado al narcotráfico es asesinado y así muchas otras muestras de ambiciones y de deslealtades. ¿Será esa una señal del deterioro y la degeneración de la administración pública dominicana o es una señal de los tiempos que vive la humanidad? En los últimos tiempos los escándalos por corrupción se han convertido en una característica sobresaliente del paisaje político dominicano. Por desgracia nos estamos acostumbrando a unos acontecimientos que plantean graves interrogantes sobre el abuso del poder político, sobre la poca importancia de la reputación personal y sobre la cambiante naturaleza de la vida pública. A veces tratamos de generalizar y simplificar dándole el mismo tratamiento analítico a todos los escándalos que se producen en el país. Pero ese es un grave error en vista de la diversidad y la complejidad de cada situación. Véase como ejemplo el caso más reciente, el del fraude bancario supuestamente encabezado por el jefe de la avanzada del Presidente de la República. Ese caso ha funcionado como una ventana que se abre para que nos enteremos de la sórdida y mundana realidad de un ambiente en que el secreto y la compartimentación predominan. Lejos de renovar la creencia en el sistema político, este delito confirma los peores recelos que alguien pudiera haber tenido acerca del gobierno. Conociendo los conceptos morales que orientan al presidente Hipólito Mejía uno se da cuenta que aquel fraude sólo pudo tener lugar porque personas con un pasado cuestionable abusaron de la confianza que en ellos había depositado el Mandatario. Algo que ha dificultado la percepción objetiva de este caso en que se mezclan tantas deslealtades y ambiciones ha sido la obsesión de algunos medios de comunicación por trivializar el asunto. En un desmesurado afán de sensacionalismo, se ha socavado la calidad del discurso y del debate público. Algunos medios han concentrado la atención en asuntos relativamente frívolos marginando las cuestiones importantes. De seguirse amarillando las informaciones, nos va a ser difícil distinguir entre los reportajes noticiosos y las páginas de farándula. Por el camino de la trivialidad jamás podríamos enterarnos si lo que este caso refleja es sólo un asunto de fraude contra una entidad bancaria o en cambio es la punta del "iceberg" de una lucha soterrada entre enclaves financieros. Con tan poca sustancia jamás podremos conocer si el rumor de tráfico de armas y de drogas es cierto o sólo es una calumnia más de las que abundan en el ámbito político nacional. Con tanta frivolidad, ¿cómo podríamos comprobar hasta dónde se extiende la estructura de la corrupción en las cercanías del Presidente? Porque resulta difícil creer que un tollo de esa magnitud haya sido realizado durante tanto tiempo sin que contara con una cobertura importante. A pesar de todo, no deberíamos asumir precipitadamente que los escándalos siempre habrán de producir un impacto funesto en la vida política del país. Debemos esperar que un ruido ensordecedor como el provocado por este fraude supuestamente encabezado por un militar íntimamente vinculado al Presidente de la República estimule el debate sobre la rendición de cuentas de quienes ejercen el poder. Consideremos como ganancia el que este caso nos haya llamado la atención sobre determinadas forma de corrupción y conflictos de interés que de otro modo habrían pasado inadvertidos. Se pueden sacar buenas experiencias del sonado fraude y, si se actúa correctamente, la nación podría salir beneficiada. Lo que no deben permitir las máximas autoridades del país es que se activen ciertos procedimientos de legalidad dudosa, operados por algunos miembros de la fiscalía y de la judicatura, que impidan se impongan las sanciones de lugar. No lo digo por especular, sino porque en recientes juicios criminales ciertos jueces han liberado a delincuentes confesos y han anulado o reducido condenas hasta el punto que nos han puesto a dudar de la idoneidad de la justicia. Y sería un golpe tremendo para la moral del Presidente de la República que los autores del fraude fueran favorecidos en corto plazo con esos mecanismos corruptos porque entonces todos dudarían del Mandatario y de las proclamas que ha hecho a favor de la honestidad de su entorno y de su gobierno. |
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