Opinion: El Petróleo puede estar cambiando de dueño | 26-11-2005 |
El mundo está cambiando. De eso no le cabe mucha duda a nadie. Las sociedades y las economías están dejando de ser lo que fueron para convertirse en algo diferente, acorde con los nuevos tiempos. Desde que W. Bush llegó a la Presidencia, Estados Unidos ha estado experimentando un cambio notable. El concepto estratégico con el que ahora se trazan las acciones y las alianzas ya no están basadas en la globalización financiera de los tiempos de Clinton. Muy por el contrario, el equipo de gobierno encabezado por W. Bush y Dick Cheney ha dado un brusco giro hacia la vieja economía de las materias primas y de la industria.. Ellos, que de por vida han estado ligados a la industria petrolera de Texas y al complejo militar industrial, están orientando la política norteamericana sin la envoltura de regalo que sus antecesores le habían puesto al "gran garrote". Con más sinrazón ahora que la frágil burbuja de las bolsas de valores explotó como pompa de jabón. Aquella economía financiera sustentada en papel virtual y papel chatarra ahora deja de ser el núcleo fundamental de la economía norteamericana para cederle esa posición a una insaciable sed que sólo podría aplacarse con el total dominio del petróleo a escala universal. ESTADOS UNIDOS: EL GRAN CONSUMIDOR La producción norteamericana de petróleo es de 3 millones de barriles diarios. Para cumplir con sus necesidades totales le harían falta otros 9 millones de barriles cada día. Hasta tiempos recientes, esa necesidad era cubierta por los hidrocarburos de Arabia Saudita, país que se asumía como un aliado confiable a largo plazo. Pero aquella nación del Golfo Pérsico, eminentemente musulmán, gobernado por los sunnitas y depositario de la tierra sagrada del islamismo, está siendo sometida a la importante influencia de los integristas wahabitas que ven a Estados Unidos como representante de Satán. Asimismo, este sector de la sociedad saudita financia la ampliación en el ámbito mundial del fundamentalismo islámico. Esto así, el gobierno norteamericano ha venido variando sus fuentes de abastecimiento de petróleo tratando de minimizar la importancia saudita. Para esto, y aunque parezca increíble, Estados Unidos importó entre enero y marzo de este año 2002, 2.5 millones de barriles diarios desde Irak en transacciones clandestinas realizadas por la empresa texana Halliburton, de la que fuera Director el actual Vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney. Asimismo sorprendente, Norteamérica ha realizado este año importaciones de crudo desde Rusia de 18.4 millones de barriles, en comparación con ningún barril comprado durante el año pasado 2001. Esto parece indicar que la cooperación energética entre Moscú y Washington va para largo y que no harán excepción alguna a la hora de buscar fuentes alternas de abastecimiento de hidrocarburos, incluyendo Irak. Otra fuente de nuevo cuño es la de África, desde donde se exportan 1.8 millones de barriles diarios hacia Estados Unidos y se calcula que en la próxima década aumenten en un 70% gracias a los recientes hallazgos de reservas en el golfo de Guinea. Completan las necesidades norteamericanas las importaciones desde Venezuela y México países del traspatio americano. LA OPCIÓN ARABIA SAUDITA El gobierno de Estados Unidos ha considerado varias opciones a corto plazo para preservar la fuente saudita de hidrocarburos. Para este propósito, ya ha iniciado un aumento de la presencia militar en la región bajo la excusa de una segura guerra contra Irak. Según declaraciones a "The Guardian" de Mo Mowlan, antiguo miembro del gabinete del gobierno británico de Tony Blair, "el verdadero objetivo de Estados Unidos es la captura del petróleo saudita". Los norteamericanos opinan, dice Mowlan, que Arabia Saudita es muy vulnerable y que la fuga de capitales saudíes invertidos en Estados Unidos podría precipitar que la primera reserva de petróleo en el mundo caiga en manos hostiles a los intereses estadounidenses. El ex Ministro se atreve a opinar que todo lo que se dice sobre la guerra de Estados Unidos contra Irak no es más que una cortina de humo para encubrir sus primarias intenciones contra Arabia Saudita. El plan de la potencia del Norte sería el de desmantelar esa nación árabe estableciendo un emirato bajo protectorado norteamericano que ocuparía la rica provincia de Hassa, en donde se encuentran los principales yacimientos de petróleo y la población es mayoritariamente chiíta. Si esto se lograra, el proyecto norteamericano de control mundial del petróleo podría seguir adelante con menos riesgos para su abastecimiento. LA OPCIÓN IRAK Desde la Guerra del Golfo en 1991, muchas compañías de más de una docena de países han llegado a acuerdos preliminares para desarrollar los campos iraquíes de petróleo. Entre éstos están Francia, Rusia, China, Alemania, India, Italia, Vietnam y Argelia. Resulta notorio que tres de ellos, Francia, Rusia y China, son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) mientras los dos otros miembros de ese organismo, Estados Unidos y Gran Bretaña, son los que ya han iniciado agresiones contra Irak. Empresas de esos países han estado en busca de su tajada de las reservas probadas de 112 billones (millones de millones), las más grandes del mundo luego de las reservas de Arabia Saudita. Mejor aún, dada la escasa profundidad y la abundancia de hidrocarburos, la extracción de éstos en Irak cuesta menos de un dólar norteamericano en contraposición con los costos de otras partes del mundo donde llegan a ser de hasta ocho dólares. Así que el botín iraquí es apetecible para todos los gustos y necesidades. La agresión de Estados Unidos contra Irak tiene como objetivo fundamental el control de la segunda reserva mundial de hidrocarburos, lo cual le permitiría a los magnates petroleros que dirigen la política norteamericana trastocar totalmente el mercado petrolífero mundial. Esto sería un duro golpe para la unidad de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), entidad esta que tampoco goza del aprecio norteamericano. Bajo el dominio, la tecnología y las inversiones estadounidenses, Irak podría duplicar rápidamente su producción y sus exportaciones de crudo. Esto podría provocar de forma inmediata la caída de los precios del petróleo y a su vez pudiera redundar en la salida del estancamiento económico que sufre Estados Unidos actualmente. Debe destacarse que dos de los objetivos militares que se le suponen a los norteamericanos, Arabia Saudita e Irak, están siendo gobernados por musulmanes sunni. Esto permite suponer que, con el desplazamiento de los actuales gobernantes, los chiítas ganarían mejores posiciones políticas. El único inconveniente radica en que esa es la mayoría gobernante en la teocrática Irán. Así las cosas, el conflicto contra Irak podría convertirse en la antesala de otro ataque, esa vez contra Irán, país que ya ha sido clasificado por Estados Unidos como miembro del "eje del mal". De tener éxito los norteamericanos en cada una de esas aventuras militares con trasfondo petrolero, las reservas iraníes de hidrocarburos completarían el fabuloso botín con el que Washington piensa hacerse en esta primera guerra del siglo veintiuno y controlar absolutamente el mercado mundial del petróleo. PELIGROS DE UNA LARGA PERMANENCIA Ahora bien, derrocar a Sadam Hussein no parece ser el problema principal de los potenciales agresores, sino quién estaría en capacidad de controlar aquel país sin crear una crisis mayor en el área. Si Estados Unidos no fue capaz de crear en Afganistán un gobierno que pudiera asegurar la paz más allá de Kabul, la capital, menos podría hacerlo en una nación mucho más grande, rica y culta como Irak. Además, la fragmentación de la oposición a Sadam, con más de 80 grupos en el exterior y la falta de una figura política carismática, parece forzar a Estados Unidos a dirigir directamente un protectorado iraquí sin constituir en primera fase un gobierno local compuesto por iraquíes chiítas o kurdos. Ocupar Irak obligaría a Estados Unidos a desplegar decenas de miles de soldados y técnicos para mantener el control de los campos petroleros que se extienden en regiones de miles de kilómetros cuadrados. Cada región con un conjunto impresionante de instalaciones de pozos, estaciones de separación del gas y el petróleo, plantas estabilizadoras, plantas de inyección de gas y de agua, oleoductos, estaciones de bombeo, tanques, refinerías, plantas de generación e instalaciones portuarias. Se trata de complejos interdependientes en los que cualquier unidad con problemas puede afectar la operación total y, por lo tanto, altamente vulnerables al sabotaje. Mantener el control en miles de kilómetros cuadrados de territorio hostil promete una cantidad de bajas militares permanente, tan lentas como un suero de miel de abejas pero tan impactante en la sociedad norteamericana como los vividos durante la guerra de Vietnam. La palabra que sigue faltando del vocabulario de los que dirigen el mundo es: paz. No la quieren porque no la necesitan en sus intentos de trastocar toda la estructura de explotación de petróleo en el mundo para tratar de salir de la prolongada recesión económica que ellos mismos han provocado. |
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