Opinion: Estado Perplejo

26-11-2005


Autor: Julio Santos-Cayado

La política, los muchos conocimientos o la falta de ellos, de educación y quién sabe de cuántas otras cosas y proteínas, crean, por así decirlo, un Estado Perplejo, que a la corta y a la larga caracteriza el subdesarrollo o las "vías" de desarrollo en que encontramos varios países y muchas gentes. Curiosamente, el Estado Perplejo no es limitativo o privativo de los segundos, terceros y cuartos países; también los primeros llegan a conseguirlo y dentro de ellos más gentes de los que uno imaginara.

El Estado Perplejo llega generalmente disfrazado y sustentado por un razonamiento "patriótico, democrático, de justicia social o simplemente de justicia, de ley de oferta y demanda, creencias religiosas" y quién sabe cuántos otros nobles argumentos. Todos basados en el sacrificio que gente "desprendida" está dispuesta a hacer por sus congéneres o su país.

Las cualidades del Estado Perplejo, sus bondades y defectos garantizan que cuando se entroniza en un país, lo inunda con una nube húmeda, agradable, confusa, y crea por un determinado período un ambiente "argentino". Cierto, en el campo de la subcultura del Estado Perplejo dentro de las Ciencias Sociales, poco se ha investigado y hay mucha tela por donde cortar. Por tanto, este "Ensayo" seguro quedará muy corto en la definición de todas las "variables" que lo afectan y de las que garantizan al Estado y sus gentes salirse con las suyas.

Se dice que el Estado Perplejo va llegando a un país cuando nos quedamos boquiabiertos y sin respuesta frente a las preguntas: ¿Qué pasó ahí? ¿Quién dijo eso? ¿Y él no dijo lo contrario el año pasado? ¿No fue en ese comercio que me lo vendieron y ahora no son responsables? ¿Por qué no alcanzan los cuartos? ¿Está haciendo lo mismo o peor? U otras similares.

No obstante, el Estado Perplejo no se ha entronizado a cabalidad en un país hasta que las preguntas precedentes dejan de hacerse. Entonces, por vía de consecuencia, la cotidianidad prosigue su loca y rápida carrera, libre de cualesquiera tropiezos racionales.

Una vez entronizado, el Estado Perplejo genera un efecto fundamental entre los que están arriba y además en los que se encaraman por medios políticos, militares o eclesiásticos non sanctos: La Gozadera. Simultáneamente, pero en sentido contrario, para los que están abajo, sin posibilidades de engancharse a la política, la guardia, al clero o irse para los países, produce: La Lloradera. Como aquello de que "Al freír será el reír y al pagar será el llorar".

Al Estado Perplejo es necesario atribuirle innegables efectos, tanto para los de arriba como, efímeramente para los de abajo. Estos son los que se derivan de los principios de: "La libertad del chivo montuno".

La flexibilidad del Estado Perplejo es amplia, así que puede darse en individuos independientemente de que él exista o no en el país de su residencia u origen. Naturalmente, la sabiduría de las Ciencias Sociales se aplica también a los casos individuales y permite que las mismas preguntas anteriores sirvan de indicadores para comprobar si el Estado Perplejo ha acorchado la mente de una persona. Sin embargo, en este caso hay que observar si cuando la persona hace las aseveraciones, al sujeto le brota la hilaridad espontánea que producía el "Archipámpano de la Carcajada" o si lo dice "con su cara muy seria". En este último caso, se diagnostica un estadio patológico indiscutible, situado un peldaño más bajo de los casos generalizados, y, de difícil "cura".

La patología del Estado Perplejo individual ocasiona manifestaciones de muchos tipos, las auditivas, por ejemplo: Campañas electorales que escandalizan el ambiente hasta el amanecer y todavía los parroquianos votan por esos candidatos o el derecho de pasearse con enormes bocinas en el carro atronando al vecindario; la compañía grandota que se le ocurre hacer una feria o una fiesta en su parqueo, lejos de la casa del dueño. Las intolerantes, que se manifiestan preferentemente en el tráfico vehicular. Las sordas, que tienen lugar en las autoridades de turno; las irresponsables, en muchos ámbitos del comercio y la industria. Así como muchas más que no queremos citar.



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