Opinion: Auditorías y Experticias

26-11-2005


Autor: Julio Santos-Cayado

En un país tan politizado como la República Dominicana, nada escapa a la política: Los empleos, los decanatos, las rectorías, los contratos, las comisiones, las omisiones, las presidencias de instituciones profesionales y hasta las privadas, las acusaciones y contraacusaciones; en fin nada, hasta los "amores y desamores". Naturalmente, porque casi siempre se puede apostar a la ineficacia en los casos donde la política partidista mete su mano, la politización se ha ganado la fama de que disfruta y si queremos quitarle fuerza o valor a algo, lo más conveniente desde el punto de vista estratégico es denunciarlo como proveniente de un manejo político, así le inoculamos el germen de lo insano, de lo turbio, de lo oscuro, de lo impropio, de la componenda o de la maldad que supuestamente le subyace. Por supuesto, los que mejor inyectan el germen político, son, decididamente, los políticos.

Las reiteradas acusaciones de corrupción que se hacen en el país y que no llegan a nada, llevan al más obtuso de los ciudadanos a descreerlas y a perder la fe en las autoridades y en los políticos, que usan esa "arma" para acallar críticas o situaciones en las que se sienten en jaque. De esa manera "descalifican" a sus contrarios, pero al mismo tiempo, y sin darse quizá cuenta, pierden la credibilidad o fe pública, que es absolutamente necesaria para actuar cuando la situación lo requiere. Porque para el que tiene algo de memoria, no le resulta difícil recordar que hace apenas "dos meses" ese serio señor había sostenido, con gran ardor y carilargo, lo contrario.

El estado de "confusión" que se han encargado de crear los políticos con acusaciones y contraacusaciones maliciosas cuyo objetivo primordial de desacreditar al contrario y éste a ellos, también ha creado el reflejo de que no es posible investigar casos de violaciones a las leyes y en consecuencia se habla de "invertir el fardo de la prueba", lo que, con la "seriedad" que nos gastamos aquí, sería un fantástico instrumento para destruir al que no nos caiga bien.

Las dudas que dejan nuestros investigadores en su trabajo contrasta con la profundidad de las investigaciones de los crímenes y delitos que se observan en los países desarrollados, donde vemos que hasta los presidentes en funciones quedan reos de sus mentiras y argucias, siendo descubiertos y puestos en evidencia con una solidez tal, que a ningún activista o desorejado se le ocurre acusar de manejo político el caso, porque tampoco ese argumento resulta simpático en los países más educados. ¡Cuánto nos falta!

Desde luego países como los Estados Unidos de América tienen una legislación que les permite designar los fiscales especiales para concentrarse en las investigaciones extraordinarias y además cuentan con los medios económicos para perseguir las evidencias; pero aun en los otros casos, verbigracia: Investigaciones de diputados, senadores y funcionarios, en los que no se nombran esos fiscales, las investigaciones llegan a conclusiones definitivas y normalmente incuestionables.

Nuestra "confusión" en las investigaciones se extiende al concepto de auditorías versus experticia. Según el Real Diccionario de la Lengua Española se entiende por auditoría contable: "Revisión de la contabilidad de una empresa, sociedad, etc., realizada por un auditor." Y ciertamente, los que hemos tenido la ocasión de leer los resultados de una auditoría contable, hemos podido leer la coletilla que certifica que los resultados de la auditoria muestran que la empresa en cuestión ha cumplido los procedimientos contables, es decir, que cada gasto está debidamente respaldado por los documentos correspondientes, ie, recibos, presupuestos, cubicaciones, etc. Esto desde luego no garantiza que la obra fue construida o que se hizo de acuerdo con la buena práctica de la ingeniería, tampoco garantiza que las medicinas se entregaron en su destino. Garantiza que los "incumbentes" eran suficientemente despabilados para no caer en la torpeza de dejar de respaldar sus delitos con documentos falsos.
No se trata de desacreditar las auditorias contables, no; las mismas cumplen su papel, son un instrumento potente y generalmente el primer paso para descubrir indicios de malos manejos o de violaciones flagrantes. No obstante, ya hemos visto casos en el país en los cuales los documentos contables indican que se hicieron cosas que no existen, por tanto, las auditorías contables deberán estar acompañadas de experticias, que según la Real Academia significa: "Prueba pericial". Esto quiere decir, comprobar sobre el terreno si, por ejemplo, el volumen de hormigón o de relleno que se dice se colocó está ahí, si la calidad del asfalto es la especificada, si las medicinas están en almacén o si llegaron a las boticas. Porque en estos "pequeños detalles" se esconden grandes diferencias de costes y precios y de la duración de la obra, si se llegó a ejecutar, se ve comprometida.



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