Noticia: ¿Hasta que nos corten las alas? | 26-11-2005 |
Para que España pudiera controlar el comercio con Quisqueya, Osorio destruyó las más prósperas ciudades de la isla: Bayajá, Yaguana, Montecristi y Puerto Plata. La isla quedó sumida en la pobreza, dependiente del situado que nos enviaba la corona. Pero se restauró el monopolio del comercio español. Casi exactamente cuatro siglos más tarde, 6 de cada 10 pasajeros que llegan en vuelos regulares a la República Dominicana tienen que hacerlo en American Airlines o American Eagle. Hoy, nuestros dominicanos ausentes deben pagar más para regresar desde Nueva York que lo que les costaría irse de vacaciones a Europa desde esa misma ciudad. Hoy, los turistas tienen dos opciones: pagar el sobreprecio de un servicio deficiente o venir en el vuelo "charter" del tour operador. No debe sorprendernos entonces que sea el turismo de masas el que predomina en nuestro país, a cambio de nuevo situado de 19 dólares por persona por noche que paga el tour operador a nuestros complejos hoteleros. Hoy, cualquier hombre de negocios que tome el vuelo de las 9 de la noche procedente de Nueva York deberá esperar tres horas sentado en el avión, hasta las 12, "para que los pilotos descansen". ¿Por qué no salir a la hora convenida con pilotos ya descansados? Hoy, para generar una posición dominante en el transporte aéreo y abusar del consumidor no se necesita devastar ciudades. Los Osorios, en cambio, son imprescindibles. Bien ubicados, se encargarán de desestimar cualquier solicitud de concesión que pueda generar competencia en rutas importantes o alternativas. Del resto se encargan las fusiones que a ritmo vertiginoso se suceden en el mundo. Para nuestro pesar, esas fusiones nos afectan directamente, pues American acaba de adquirir a TWA e Iberia está en proceso de fusión con la única otra competidora que tiene en las rutas desde España, Air Europa. Iberia, por cierto, forma parte de la alianza "One World" con American Airlines. Como resultado de esta consolidación, la situación del país es peor de lo que se piensa; pues la corporación AMR controla a través de sus líneas subsidiarias (American Airlines, American Eagle y TWA ) o de sus aliadas (Iberia) el transporte de 8 de cada 10 pasajeros que viajan desde o hacia nuestro país en vuelos regulares. Lamentablemente, esta severa distorsión a la competencia no podrá ser regulada en la República Dominicana hasta que no se apruebe el Código de Ordenamiento del Mercado. Sólo cuando tengamos política de competencia podremos beneficiarnos de la "cortesía positiva". Gracias a este mecanismo de cooperación internacional, por ejemplo, la Comunidad Europea pudo impedir la compra de British Airways por American Airlines, ya que demostró satisfactoriamente cómo esa fusión iba a elevar los precios en los vuelos trasatlánticos. Pero si una fusión incrementa la posición dominante de American en las rutas dominicanas, nada puede hacerse hoy más que rezar porque una huelga no nos deje varados en el aeropuerto. ¿Puede un país insular como el nuestro seguir tolerando esta situación? Si las devastaciones nos costaron un tercio de nuestro territorio, ¿cuánto nos va a costar la posición dominante de American Airlines? |
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