Opinion: La Próxima Revolución Norteamericana | 26-11-2005 |
Publicado en la Revista Cuadernos, noviembre de 1961 Acabo de volver de una visita de cuatro meses a Estados Unidos y de ella traigo la impresión de que en los cuatro años transcurridos desde mi anterior visita la tensión impuesta a la economía norteamericana se ha hecho considerablemente mas severa. No me refiero a la momentánea presión de los cambios extranjeros sobre el dólar. La tensión a la que estoy aludiendo penetra mas hondo y creo que continuaría aumentando aún en el caso de que la actual presión sobre el dólar disminuyese. Esta tensión más fundamental de que hablo, se refiere tanto a los aliados europeos de Norteamérica como a ésta misma. Después de todo, la economía de Estados Unidos es el eje sobre el que gira todo el mundo occidental, y cualquier movimiento o tendencia económica de importancia que se produzca en Norteamérica es probable que prefigure lo que va a ser la "ola del futuro" para el resto de la actual minoría relativamente opulenta de la raza humana. Toda economía tiene dos lados o aspectos: sus medios tecnológicos de producción y su sistema social para la distribución de esa producción. En su tecnología, Norteamérica sigue hoy siendo tan radical como lo haya sido en cualquier momento de su historia. En cambio, por lo que se refiere a su sistema social resulta hoy día sumamente conservadora. Esta diferencia actual en la actitud norteamericana para con los dos aspectos de la economía ha provocado una tensión entre éstos, y hoy parece como si esa tensión se estuviera volviendo tan aguda que uno u otro de esos dos lados o caras de la economía tendrá que ceder. Cuál Cederá? ¿Cuál de esos dos lados tiene más probabilidades de ceder: la tecnología de Estados Unidos o su sistema social? En otros tiempos y lugares se han dado ejemplos de una represión deliberada y afortunada del desarrollo tecnológico, encaminada a salvar de la bancarrota un sistema social existente. Pero sería difícil dar con un ejemplo de esta clase en ningún rincón del mundo occidental moderno, y particularmente en Estados Unidos, desde el comienzo de la Revolución industrial. Sin duda, se ha hablado un poco en Estados Unidos de resistir a los avances de la "automación", con el fín de proteger el empleo. Pero la automación no es más que un nuevo nombre para designar la fase mas reciente de la incesante revolución industrial. Hace siglo y medio se hizo en Gran Bretaña un patético esfuerzo para resistir a la mecanización. Pero la resistencia resultó ineficaz, a pesar de la realidad de las dificultades sociales que la mecanización traía consigo, lo mismo en la Inglaterra de entonces que en los Estados Unidos de hoy. Se puede pronosticar con seguridad de acierto que en Estados Unidos continuará desarrollándose la automación. Detenerla sería "antiamericano". Sería huir ante algo que, a los ojos del pueblo norteamericano, es característico de su genio nacional. Pero si la revolución tenológica estadounidense ha de seguir avanzando a pasos acelerados, no tendrá más remedio que producirse una revolución de magnitud comparable en el actual y conservador sistema social norteamericano. Nuevos Principios El sistema social distribuye los productos de la tecnología a los norteamericanos en la proporción en que cada uno de éstos logra convencer u obligar a sus conciudadanos para que le paguen por sus servicios o sus deservicios. Pero el número de norteamericanos que se hallan económicamente empleados - incluídos los que están ocupados en tareas socialmente inútiles o incluso perjudiciales- va a quedar drásticamente reducido gracias al progreso mismo de la automación, que habrá de traer consigo un aumento sensacional de la producción nacional total. ¿Va a seguir siendo la totalidad de esta creciente producción, propiedad privada del número cada vez menor de miembros de la comunidad nacional, que aún seguirán siendo económicamente activos? Este efecto automático que llevaría aparejado el hecho de dejar intacto el presente sistema social sería un absurdo, tanto desde el punto de vista económico como desde el moral. Los propietarios legales del producto no serían capaces de hacer efectiva su riqueza nominal en un sistema que privara a la mayor parte de sus conciudadanos de su poder de compra; y además resultaría moralmente intolerable que en una comunidad que colectivamente fuese cada vez mas rica, un número creciente de miembros de la misma quedaran empobrecidos. Esto parece presagiar un cambio en el sistema social norteamericano. En una sociedad en que el destino normal del individuo ha de consistir, no en estar económicamente empleado, sino por el contrario desempleado, el producto tendrá que distribuirse seguramente basándose en algún principio distinto del actual, consistente en el pago como salario. Aún en el caso de que la propiedad legal del producto siga organizada sobre su base tradicional, el número decreciente de ciudadanos con titularidad legal a una participación en el producto nacional habrá de someterse a un sistema de fuerte imposición - y ello seguramente en una escala sin precedentes - como medio para redistribuir el producto nacional total entre los miembros de la comunidad en general, e independientemente de si están o nó económicamente empleados. Los Primeros Beneficiarios Los primeros beneficiarios de esta revolución social aparentemente inevitable serán los ciudadanos no empleados de Estados Unidos. Actualmente esos ciudadanos constituyen una minoría indigente, que a la mayoría acomodada le es fácil ignorar o descuidar. Pero esto ya no será posible si el avance de la automación convierte a la minoría de los no empleados en una mayoría. En tal caso, los no empleados tendrán que recibir su parte equitativa de remuneración. Esto será perfectamente justo porque también ellos habrán ganado esa remuneración, si bien en un sentido negativo. En efecto, la habrán ganado cediendo el paso a unas máquinas que podrán elevar el producto nacional total hasta niveles mucho más altos de lo que era posible conseguir con el pleno empleo de la mano de obra de la comunidad. Pero ¿podrá la próxima revolución social norteamericana detenerse aquí? Imaginar que sí, sería minimizar la capacidad de la automación para aumentar la productividad de una comunidad. Aún en el caso de que Estados Unidos acepten el cambio revolucionario consistente en remunerar al número creciente de los no empleados en la misma proporción que a los que todavía sigan ganando su salario con su trabajo, el mercado norteamericano no podrá por sí solo absorber la totalidad de una producción nacional cada vez mayor. Y esto no será posible ni siquiera en el caso de que, mediante un cambio revolucionario en el sistema social norteamericano, a cada ciudadano de Estados Unidos se le dote del máximo poder de compra. Las necesidades humanas de bienes de consumo tienen un límite, incluso cuando esas necesidades se las estimula artificialmente mediante una poderosa industria publicitaria. El único mercado del mundo actual que resulta virtualmente insaciable está mas allá de las fronteras norteamericanas. Este mercado está representado por los dos tercios o tres cuartos de la humanidad que aún viven ligeramente por encima de un nivel de pura subsistencia. Proveer a las necesidades de esta humanidad hambrienta supondría emplear totalmente por un período de tiempo indefinido, la creciente capacidad productiva de la minoría tecnológicamente avanzada, y que todavía sigue avanzando, de la humanidad mayoritariamente hambrienta. Un Mercado Potencial. Nada que no sea esto puede mantener en marcha las ruedas de esa minoría. Pero tal mercado constituye aún hoy día algo potencial. Para convertir en económicamente eficaz la urgente demanda de la mayoría hambrienta habrán de producirse dos cambios de gran alcance en la economía de la minoría opulenta. A la producción marginal de la tecnología de la minoría habrá que darle una nueva dirección y sentido, de modo que renuncie a su prostituido y frívolo destino actual de proporcionar lo supérfluo a una minoría saciada y tienda a la satisfacción de las necesidades elementales de la mayoría. Y la minoría productiva tendrá que convencerse de que pagar para satisfacer las necesidades básicas de los demás es una forma más satisfactoria de disponer del producto del propio trabajo económico que gastar la misma cantidad de poder de compra en superfluidades para sí misma. Ninguno de estos dos cambios será facil de llevar a cabo, pero el cambio tecnológico será con mucho el menos difícil. Durante las dos guerras mundiales, Estados Unidos, y con ellos los demás países beligerantes, dieron una nueva dirección a sus economías con el fín de conseguir nuevos objetivos. Pues bien, no cabe duda de que algo que se ha realizado con carácter temporal dos veces en el espacio de una vida humana puede hacerse con carácter permanente, si existe la la voluntad necesaria para ello. |
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