Opinion: GATT Vs. GATTS: DESARROLLO Vs. CRECIMIENTO | 26-11-2005 |
El Fraude de la Economía a los Dominicanos Introducción La República Dominicana luce atrapada entre la teoría y la realidad económica que se le importa del exterior y su incapacidad de aportar soluciones propias. Entre el discurso y el quehacer. Entre la mentira y la verdad. Nada de ello es casualidad. Tampoco es casual la confusión prevaleciente con la cual llegó a enarbolarse que no existía crisis de la economía, sino crisis de la teoría económica. Ciertamente la realidad económica, social y política de hoy, no marcha de mano con la teoría económica, porque el recurso de la mentira es indispensable a este modelo de explotación caracterizado por el Santo Padre como 'capitalismo salvaje' para que pudiera ser aplicado a una sociedad que predica, y a la cual se le predica el culto a la libertad, y que desde luego no es un fenómeno exclusivo de nuestro país. Toda Latinoamérica está metida en la encrucijada de padecer políticas económicas de constreñimiento -propias de regímenes de fuerza- reñidas con las premisas de una sociedad abierta y democrática. Atrapados y Sin Salida La pregunta lógica es: ¿Cómo pudo llegarse a este modelo de empobrecimiento, de extinción de las oportunidades de empleo y de reducción del salario real de aquellos que todavía encuentran lugar en la fuerza de trabajo activa, en una sociedad en la cual los gobernados son la fuente de decisión de la gestión de cada gobierno libremente elegido? La respuesta es muy simple. Se nos engañó para que aceptáramos algo que nos perjudica como nación, y como pueblo, nos mata la esperanza de un futuro mejor ganado con el esfuerzo digno del trabajo, y esa es la causa eficiente de ese éxodo desesperado y suicida de dominicanos que se vuelca en el Canal de la Mona, para alcanzar el litoral de esperanza del territorio de Puerto Rico. Nos engañaron gente de fuera y gente de aquí. Otra pregunta que surge es: ¿Cuánto tiempo podrán subsistir las instituciones de la democracia este divorcio con los postulados económicos, con el cual crece y se disemina el descreimiento de los pueblos de América Latina en la democracia? El malestar social y político cunde por todas partes, y tiene la misma raíz, las políticas económicas de empobrecimiento. ¿Por qué se van los dominicanos a Puerto Rico? ¿Cuál es la diferencia entre Puerto Rico y la República Dominicana? Simplemente una: la moneda con la cual se paga el trabajo allá, tiene ahora casi diecisiete veces el valor de la moneda con que se paga el trabajo acá, independientemente del valor de su esfuerzo en el mercado laboral, desde luego mucho mejor remunerado bajo las previsiones de la Ley norteamericana que bajo la dominicana. Es preciso que los responsables de normar las políticas económicas y sociales se sensibilicen a los motivos que expresan aquellos que han protagonizado la aventura del Canal de la Mona. La heroína de la casi tragedia que en días pasados ayudó a sus compañeros a sobrevivir dándoles a beber leche de sus pechos, ha dicho que no desea que le ofrezcan publicidad, sino una solución a su falta de trabajo, para que puedan disuadirla de intentarlo nuevamente. Por lo demás, los dominicanos que se van a Puerto Rico, son buscados para que recojan las cosechas de café y cacao, labor agrícola para la cual los portorriqueños no tienen ya mano de obra disponible pagadera en US$, pero los cafetaleros y cacaotaleros dominicanos, que pagan RD$ para la misma labor, no pueden hacer atractiva su oferta económica, y necesitan la mano de obra haitiana para recoger sus cosechas en suelo dominicano. Lo mismo sucede con la industria de la construcción. Todo el personal calificado que fue formado en las escuelas laborales y en la práctica de la construcción bajo la dirección de ingenieros y arquitectos dominicanos durante la década de 1970-80, se marchó a Puerto Rico y a las islas del Caribe, a partir de las devaluaciones del RD$ de 1983 y 1990 y ha sido sustituido por mano de obra haitiana pobremente calificada. Desde luego, no debe pasarse por alto que existen sectores en el país que propugnan por una 'nueva economía' que en lugar de crear empleos con una adecuada remuneración para los dominicanos, se cimenta en el uso de la mano de obra depauperada de los vecinos nacionales haitianos, con la cual maximizan sus beneficios violando el Código de Trabajo, a la par que destruyen las bases de la sociedad dominicana y la existencia misma de la Nación. Este despropósito debe ser enfrentado responsablemente por los dominicanos. Buscando un Paradigma Económico Estas devaluaciones fueron punto de partida de la 'nueva economía sincerizada', para propiciar la rentabilidad de la operación de las zonas francas, el turismo y las empresas agrícolas de inversión extranjera caracterizada como 'economía de servicios', así como las llamadas 'exportaciones no tradicionales', mientras al mismo tiempo se penalizaba y restringía las exportaciones tradicionales (azúcar, café y cacao) de capital dominicano. Esa política prevalece todavía hoy, cuando las primeras son exoneradas de la obligación de entregar al Banco Central las divisas que generan con sus exportaciones, mientras las segundas están obligadas a hacerlo. De ahí hemos llegado a la desprotección del producto nacional, para favorecer el producto importado, muchas veces subsidiado. El colmo se alcanzó con la complaciente y sospechosa exención otorgada a los aportes de US$ de las empresas beneficiarias de la llamada 'capitalización' de las empresas públicas, para que éstos permanecieran en bancos del exterior, a disposición de los nuevos 'dueños' de las empresas 'capitalizadas', supuestamente para evitar la reevaluación del RD$ en perjuicio del atractivo del país para la inversión foránea y la pérdida de 'competitividad' de nuestra mano de obra con la de otros países de la región. Mientras la administración de Leonel Fernández y organismos internacionales calculaban el 'crecimiento' de la economía dominicana con un PIB por encima del 8% anual, el cual no se expresaba en el bienestar de los dominicanos, explicábamos que esto se debía al carácter centrífugo que le imprime la desmesurada inversión extranjera que propició, incluyendo la del citado proceso de 'capitalización' de las empresas y servicios del Estado. Explicamos que el 'crecimiento' de la riqueza sin redistribución, más aún si ésta era remesada al exterior en forma de dividendos de la inversión extranjera, nos colocaba en presencia de un modelo de expoliación y empobrecimiento de los dominicanos. Hemos de recordar, que recién instalado, el gobierno de Fernández anunció la sustitución del modelo existente por el basado en la apertura a la inversión extranjera. Ya le había preparado el terreno el Presidente Balaguer al derogar la Ley No.861 sobre 'Inversión Extranjera', excelente legislación que él mismo había formulado y promulgado en 1978, medida que fue seguida por la derogación de parte de Fernández del decreto que exigía a los extranjeros solicitar autorización al Poder Ejecutivo para invertir en bienes raíces en el país. De la misma manera fue derogado todo el cuerpo de leyes de incentivo con las cuales se había amparado el desarrollo industrial, agrícola, turístico, minero, y de diversa índole, partiendo de que el capital nacional había abusado del régimen de protección que le amparaba y que ahora le tocaba competir 'vis a vis' en plano de igualdad con la inversión extranjera. Tremenda celada en la cual cayeron incautos funcionarios y empresarios dominicanos por igual, teniendo como cebo la posibilidad de salir a competir desigualmente en el mercado mundial. Rastreando el punto de partida del cambio del modelo económico de 'sustitución de importaciones' que nos trajera la CEPAL, y que en toda Latinoamérica sirvió como plataforma para su desarrollo industrial, para ser declarado como obsoleto y pernicioso a fines de los 80;s y principios de los 90's, para dar paso a la apertura de la globalización neo-liberal, he encontrado en las negociaciones del GATT, los indicios de la conjura que ha culminado con este nuevo 'Darwinismo Económico' que decreta la muerte del más pequeño y del más débil en manos del más grande o el más fuerte. El postulado fundamental de los acuerdos del GATT de 1947, boicoteados durante mucho tiempo por las naciones de economía industrializada, era el de la 'libertad de comercio', con la cual se pretendía propiciar el ingreso libre de una economía a otra, del producto de su capital, tecnología y mano de obra, con la cual estos factores entraban en competencia, prevaleciendo el producto de superior calidad y mejor precio. El problema de las naciones industrializadas en este torneo de eficiencia económica, era que la ventaja en cuanto a costo de mano de obra la tenían las economías del Tercer Mundo, razón por la cual -manteniendo el estandarte de la apertura comercial- terminaron estableciendo mecanismos restrictivos del libre comercio en protección de su economía y sus fuentes de trabajo que todavía permanecen, como es el caso de los Estados Unidos de América, cuyas restricciones al comercio a base de cuotas, afectan a casi todos los productos de exportación tradicionales o no tradicionales de la República Dominicana. Sin cuota, no entran a Norteamérica ni el azúcar dominicana, ni las manufacturas de ropa y de cuero de nuestras zonas francas, así como muchos otros renglones que son de su interés proteger. Este mecanismo ha mantenido su vigencia no obstante la famosa "paridad textil" otorgada a nuestro país, determinando que grandes cantidades de manufacturas dominicanas fueran retenidas en Miami a la espera del nuevo año y la cuota correspondiente, para darle entrada. Eso es su derecho, y también su conveniencia económica ejercida al amparo de su soberanía, lo cual no sólo debe ser respetado por nosotros, sino también imitado, por aquello de que 'lo que es igual no es ventaja'. Efectivamente, constituye de nuestra parte un acto de estupidez, o de inaceptable sumisión, ceder a las presiones norteamericanas -como lo acabamos de hacer- para que reduzcamos nuestro Arancel (única defensa de nuestros productos de la competencia importada), partiendo del bajo nivel del suyo, ya que la verdadera restricción de acceso a su mercado lo constituye el sistema de cuotas, y nosotros no tenemos un sistema similar que proteja al producto nacional. Ya habíamos advertido -inútilmente- a nuestro gobierno, no tocar los Aranceles hasta tanto no establecer un sistema de cuotas como el norteamericano, y liberar el ingreso solamente a los insumos de nuestro aparato productivo y a aquellos bienes que no produzcamos. Todo en vano. Esperemos ahora las consecuencias de estas políticas diseñadas por las naciones poderosas para aplicarlas cuando les conviene a quienes -como nosotros- nos las dejamos aplicar. Mientras tanto, como dijo Carla Hills, negociadora norteamericana para comercio exterior al firmar los acuerdos del GATTS en 1990, al ser cuestionada de la contradicción del sistema de cuotas con los acuerdos, se limitó a contestar "ese es nuestro sistema". Pero el propósito de este comentario es enfocar nuestra atención sobre la diferencia entre el GATT de 1947, que propugnaba por la "libertad de comercio", y el GATTS de 1990, que propugnaba por la "libertad de inversión", porque decididamente no se trata de lo mismo, aunque hábilmente, los negociadores del mundo industrializado dejaron en el texto los acuerdos de "libre comercio" de 1947, agregando varios articulados que venían a satisfacer sus verdaderos propósitos de ese momento, el de que se eliminaran las restricciones de las naciones a sus inversiones, propósito que tenía para esos intereses prioridad sobre la "libertad de comercio". De hecho, uno y otro enunciado resultan contradictorios, y en reiteradas oportunidades he sustentado el criterio de que los negociadores y los funcionarios norteamericanos se mueven en una permanente disyuntiva: la de responderles a las organizaciones laborales de Estados Unidos, que exigen protección a sus empleos por vía de la protección arancelaria de las empresas para las cuales trabajan y los productos que generan, lo cual se encuadra en el denominado 'proteccionismo', el cual repercute en el propio Congreso norteamericano; o responder a los grandes capitales norteamericanos emigrados hacia los 'paraísos fiscales' en los cuales no pagan impuestos a su gobierno. Estos capitales constituyen el eje de las demandas de 'libertad de inversión', con las cuales tienden a utilizar la mano de obra barata del Tercer Mundo, y producir bienes que ingresan a Estados Unidos a competir con los manufacturados por las empresas norteamericanas que no han emigrado de su territorio, generando los empleos que precisa su economía para mantenerse viable y garantizando a los norteamericanos el alto 'standard' de vida que ha caracterizado su sociedad, en lo que también puede interpretarse como una conjura para quebrar el poder de sus organizaciones laborales, maximizando sus beneficios libres de impuestos al pagar salarios devaluados al Tercer Mundo. He sostenido que en la medida en que los gobiernos norteamericanos se han inclinado por favorecer la segunda opción, han minado las bases de su economía, aquejada en estos momentos por una recesión admitida a regañadientes por su Junta Federal de la Reserva, y por una deuda acumulada de su gobierno, que según los datos del Internet está en US$ 5,685,263,943,850.03, a pesar de que han transcurrido más de tres años sin déficit presupuestario anual. Por cierto, esta enorme deuda representada en Bonos del Tesoro, ha sido colocada en todas partes, primero en los países árabes, que pagaron así la protección militar que recibían de los Estados Unidos, luego en el Japón y otros países, y ahora incluso en Latinoamérica. En la República Dominicana, una renombrada compañía de seguros anuncia entre sus planes de retiro, la posibilidad de garantizar la inversión del asegurado con Bonos del Tesoro norteamericano. De modo que esta deuda descomunal ha sido repartida, no sólo entre los países ricos, petroleros e industriales, sino también entre los pobres y empobrecidos como lo son los países Latinoamericanos, a los cuales se les promueve ahora la idea de renunciar a su soberanía monetaria, adoptando como moneda el US$. Las consecuencias se están viendo ya en la inestabilidad social y política que expresa la actitud de la mayoría de sus ciudadanos. En la sofística jerga de los economistas globalizantes, y como parte de su plan confusionista, los términos 'crecimiento'y 'desarrollo' se utilizan como sinónimos, siendo que en realidad se nos ha impuesto al amparo del GATTS, un modelo de 'crecimiento' de la riqueza extranjera y de los extranjeros, y del empobrecimiento de la mayoría de los dominicanos. De modo que la disyuntiva es clara. Si queremos democracia política, no podemos aceptar la dictadura del mercado que se nos impone a través de gobiernos dóciles a la voluntad extranjera. La otra opción es la de liquidar nuestra soberanía y con ella el presente y el futuro de los dominicanos. En eso están los partidos políticos mayoritarios y los diligentes agentes del gran capital foráneo. Por eso no alcanzamos a obtener un gobierno que represente a los dominicanos.....todavía. Febrero 7 del 2001. |
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