Opinion: AL 2005 | 26-11-2005 |
Los acuerdos internacionales que ha firmado el país en el marco de la globalización y la nueva economía mundial, lo obligan a eliminar sus aranceles al 2005. Los niveles que se van proponiendo e implantando afectan la industria nacional, surgida mayormente de la protección otorgada por los Gobiernos dominicanos aplicando recomendaciones o imposiciones internacionales provenientes del primer mundo o de Sudamérica. En general, se puede afirmar que nuestro país ha vivido arropado de las influencias exógenas menos afortunadas, quizá por nuestro tamaño, por falta de originalidad e inteligencia o por una combinación de ésas. En todo caso, el reto está próximo e ineludiblemente va teniendo, desde los dos últimos períodos constitucionales precedentes, sus repercusiones político-económicas, las cuales son y serán más o menos contundentes dependiendo de la inflexibilidad al cambio y de la sabiduría o torpeza con que se vayan aplicando las medidas de transición. La estrepitosa caída del poder del Partido de la Liberación Dominicana en tan corto tiempo, probablemente tiene sus raíces en esta última. Algunas de las medidas impositivas contenidas en el "paquetazo o paquetico" se desprenden de la necesidad de desmontar los aranceles en forma gradual con vista al 2005; las otras, de la opinión de economistas dominicanos de que la tasa de recaudación promedio en el país es muy baja. En consecuencia, se ha concluido que es necesario: ¡Subir los impuestos! No sólo para compensar la caída, sino además para recaudar más. Si las acciones que propuso el Gobierno se hubieran limitado a balancear sus entradas, reduciendo aranceles y aumentando el ITBI, el consumidor dominicano podría no haber sido afectado y las recaudaciones probablemente hubieran aumentado considerablemente; porque hubiéramos apostado al crecimiento de la economía nacional y a la baja del petróleo que ya tiene efecto. Sin embargo, como las medidas incluyen otras imposiciones y han coincidido con la Ley de Combustibles que introduce un "shock" semanal desproporcionado hacia el aumento y tímido en las reducciones; y, las compensaciones al consumidor no son adecuadas, el ambiente económico nacional luce dirigirse a una recesión. Frente al "paque" surgen las preguntas: ¿Cómo juega esto frente a la opinión generalizada y demostrada de que a menores impuestos, mayores recaudaciones gubernamentales? ¿Qué está pasando en los países desarrollados, que en vez de aumentar impuestos los están reduciendo? ¿Están mal orientados o eso no se aplica aquí? ¿Estamos diseñando políticas para continuar la galopante espiral de concentración de la riqueza, quizá sin darnos cuenta? A final de cuentas ¿Se requerían tantas imposiciones adicionales? Estas preguntas son difíciles de responder taxativamente. Lo que parece evidente, sin embargo, es que la tendencia moderna, implantada por el Presidente Reagan en los Estados Unidos de América va en la dirección de la reducción de impuestos y del Gobierno, en el aumento de la eficiencia y productividad y en resumidas cuentas en dejar en las manos del consumidor la mayor cantidad de dinero posible. El ejemplo estadounidense es extraordinario, en unos pocos años después de las medidas Reagan, ese país ha balanceado su presupuesto, tiene superávits que le permite pagar su deuda interna y goza del bienestar económico más contundente de la postguerra. Desde luego Estados Unidos es una cosa y la República Dominicana otra, se diría. No cabe dudas, pero si no imitamos las medidas exitosas y mantenemos líneas de pensamiento y acción tradicionales, gigantismo gubernamental, ineficiencia y baja productividad, en vez de acercarnos social y políticamente a los países desarrollados, cada vez estaremos más distantes de ellos. La economía del Internet (e-comercio), que cada vez tiene mayor relevancia en el comercio internacional, ha estado afectando el comercio nacional de manera creciente y continuará con esa tendencia porque cada vez serán más los que entenderán que ya pueden hacer sus compras en cualquier parte del mundo, con el simple acceso a la red y una tarjeta de crédito. El resto lo hacen las buenas comunicaciones, el buen transporte y los aranceles bajos. En consecuencia, los privilegios que ha venido teniendo el comercio dominicano, resguardándose en representaciones exclusivas y la venta a clientes cautivos desinformados, irán desapareciendo como los de la industria. Esto naturalmente esto no es un secreto para algunos industriales y comerciantes; ya vemos como se han cuidado de poner sus economistas en los sitios de decisión. Sin embargo, los más duchos y los que en definitiva sobrevivirán, van mirando en otra dirección, la de mejorar sus eficiencias, reducir sus costos, disminuir sus beneficios y presentar sus productos a menores precios para lograr mayores volúmenes de venta. En los últimos años se han contado ejemplos impresionantes en el país. Los retos son, por lo tanto, multivariados e interpedendientes y en por tanto, como todos los problemas de estos tipos, sus soluciones no son fáciles, ni evidentes. Requieren inteligencia, sinceridad, serenidad y participación pública-privada decidida, a fin de que las fuerzas del mercado interactúen de forma racional con las medidas que se tomen y puedan encauzarse con las menores dificultades posibles. Hay dos variables fundamentales en todos estos ajustes: Los aranceles y los intereses. Los aranceles, como se dijo en el I, van forzándose hacia abajo por las presiones internacionales. Los intereses han sido dejados a las fuerzas y regulaciones internas, y desde luego, bajos aranceles y altos intereses constituyen un magnífico par que coadyuva a penetrar el mercado nacional. Los intereses se han venido usando, en forma excesiva, como un instrumento para controlar la tasa de cambio del dólar, la cual, debido a las implicaciones que tiene en el nivel de vida de los dominicanos se ha mantenido artificialmente estable desde hace algunos años. Una disyuntiva que se verá de frente con la realidad del 2005, pues será imposible mantener la balanza comercial aun a los niveles deficitarios actuales, con bajos aranceles y altos intereses internos, frente a los intereses del mercado internacional y a la alta productividad lograda con un efectivo "donwnsizing" aplicado durante años. Bajos aranceles para el producto extranjero terminado y altas tasas activas en el mercado local, conducen a desempleo, bajos salarios y baja productividad, los cuales mezclados con altas imposiciones y espíritu fiscalista muestran el camino a bajas recaudaciones, bajas inversiones y cierre de un círculo contraproducente que es, de seguro, contrario a los deseos del Gobierno. Por otro lado, si reducimos la tasa activa gradualmente y descartamos la tentación de subirla cuando la tasa de cambio del dólar aumente, y esto sucede en el ambiente actual de incremento de la inflación por efecto de las medidas impositivas del "paque", se estará insuflando la inflación con el consecuente deterioro progresivo en el nivel de vida dominicano. El dilema no es halagüeño para ningún gobernante, ni para ningún partido político, que tendrá que prestar mucha atención al desenvolvimiento de la economía nacional y monitorearla constantemente. |
Este anuncio ha sido visto 341 veces.