Opinion: DELINCUENCIA, ALGUNAS IDEAS: I

14-03-2006


Autor: Julio Santos-Cayado


En los años de nuestra democracia los dominicanos nos hemos arreglado para ir desorganizando el país que heredamos de la dictadura de Trujillo, quien a decir de la limitada Historia que me tocó estudiar en aquellos años, había formado, del caos que tomó en 1930, un país con una administración pública y un ejército modernos; sin deudas externas, ni internas, y, un sistema educativo de buena calidad. Naturalmente, conjuntamente con esos atributos, también había organizado un sistema de represión extraordinario que no sólo acalló las voces nacionales sino que además, se atrevió a extender sus acciones a Norte-, Centro- y Sur-América.

El objetivo de este trabajo, no es analizar la Era de Trujillo de lo cual ya se han encargado muchas personas, la mayoría de manera sesgada, Sin embargo, la administración pública de esos años , como la recuerdo, contaba con personas que cumplían con su deber, por amor o temor; los empleados públicos vivían de sus salarios y la colusión era impensable, por lo menos, en los estratos de interacción población-empleado.

Desaparecido Trujillo, los dominicanos no supimos o no quisimos distinguir entre lo bueno que había dejado y lo que había que erradicar o transformar. Así rápidamente, saqueamos sus propiedades, matamos ganado de la mejor calidad y fuimos descomponiendo una a una las cosas que eran “trujillistas”, quizá no tanto a los trujillistas, muchos de los cuales sabiamente o arrepentidos, buscaron refugio en la oposición que en algunos casos se atrevieron a dirigir.

La vorágine produjo algo similar a lo que sospecho que la Biblia describe como Babel, aunque aquí todos hablamos el mismo idioma, no nos pudimos comunicar en lo fundamental, así surgen: El golpe de estado, la invasión de los Estados Unidos de América, el fallo histórico, el granadazo; aun sin entendernos, llega el Dos y Dos, el Dardo de los Partos; el proceso de privatización y finalmente, estamos viviendo las alianzas de los míos, los tuyos y los nuestros.

Durante el transcurso de todos esos años, se perdió dinero (que no se robó). Algunos encontraron: primero de a seis millones, otros luego sesenta, después seis cientos, seis mil, sesenta mil. Aparecen fortunas insospechadas y escandalosas. Esa Babel quedó, asimismo, engarzada por las joyas que representaron las quiebras de: financieras, bancos, más bancos y muchos más bancos. Además, algunas otras bellezas que sería prolijo enumerar.

¿Cuántos juicios? ¿Cuántos presos? ¿Dónde están que no se han visto? Bien gracias.

La Babel inicial cobró la fuerza de la avalancha delincuencial que hoy nos sofoca. ¿Delincuencia? Bueno, en mis años de vida no he dejado de verla crecer como una bestia bien alimentada. Cierto, la delincuencia que estábamos acostumbrados a ver y soportar, era de cuello blanco. Convivíamos con ella pensando ingenuamente que si pagábamos por ella, no nos haría daño. Así sufrimos los embates desbastadores de varios paquetazos fiscales y acuerdos con el Fondo Monetario Internacional pero el problema parecía más llevadero porque de alguna forma nos resultaba impersonal. La “naturaleza” no obstante, tiene la virtud espeluznante de alcanzar a los tontos. Así se equivocaron los que pensaron que el alud se pararía en seco a las puertas de nuestro negocio o casa, que no llegaríamos a ser asaltados o violados o asesinados por algún maleante de baja pinta inspirado por el ejemplo que se les ha venido dando. Sin contar con el agravante de la especialización que han logrado algunos allende los mares.

El caso es que al parecer hemos completado el espectro: crímenes de cuello blanco, cuello azul y hasta descamisados. Ahora, la delincuencia ocupa, como debió ser desde hace tiempo, la atención de la mayoría de los dominicanos porque todos conocemos alguien que fue asaltado. La prensa destaca diariamente algunos de los delitos que se cometen. Nótese, lo que sale en la prensa, es sólo un pequeño porcentaje de lo que realmente ocurre, esto es fácil de comprobar, baste con haber oído de tal atraco, aquella violación o el asesinato de alguien que no encontramos en las páginas de los periódicos, ni en los medios en general.

Hoy, el país se enfrenta al acertijo de cómo resolver la delincuencia que nos abate, afectando nuestra forma de vida.

La delincuencia, desde luego, no es un problema exclusivamente dominicano, quizá pueda afirmarse que es más bien un problema americano, de norte a sur. En Europa, no intuyo el asunto tan intenso como lo vi en los Estados Unidos de América, en Colombia, Venezuela, México, etc. Los europeos han logrado mejor distribución de la riqueza, en consecuencia; la diferencia entre los más afluentes y los menos no es tan notoria, no se advierte la ostentación que se acostumbra en las Américas.

La República Dominicana exhibe niveles de privilegios, ostentación y despilfarro que segregan indecentemente la población. Hiere poner ejemplos.

La generalidad americana de la delincuencia nos presenta el ejemplo interesante de los Estados Unidos de América que ha logrado reducirla en forma considerable. El ejemplo estadounidense puede sernos muy útil en la lucha contra el crimen. Resumamos a grandes rasgos el caso de la ciudad de Nueva York. Recordemos que la criminalidad en esa ciudad llegó a alcanzar porcentajes extraordinarios, es posible que los lectores de mayor edad recuerden algún inciden que les haya pasado a ellos o a algún amigo.

En Nueva York el índice de criminalidad hizo pico en los años previos a que Rudolf Guiliani fuera fiscal del distrito y la Ley RICO se pusiera en efecto. Guiliani comenzó a aplicar la nueva Ley que le daba poderes especiales para enfrentar el crimen organizado y la escalada criminal se detuvo. Esa labor memorable fue la causa fundamental de que luego lo eligieran Alcalde de Nueva York, proyectándolo a la palestra pública con tal fuerza que hoy pudiera ser un candidato presidencial, si su salud se lo permitiera.

Por esos años, los lectores recordarán el caso Sérpico, un detective que contribuyó enormemente a que el desorden y la corrupción en el Departamento de la Policía de Nueva York comenzaran a corregirse, a disminuir. Posteriormente, ya en camino de franco control del crimen, se nombraron miles de nuevos policías y se les instruyó para que interactuaran con la ciudadanía, a fin de que no fueran concebidos como extraños, sino como parte de la comunidad. En ciudades como Chicago, cada vecindad fue dotada de un parque con variadas canchas dependiendo del área disponible. Los alcaldes contrataron jefes policiales que tuvieran experiencia en el fenómeno y algunos estados abolieron la ley que prohibía el aborto.

Otros Estados de la Unión, sin embargo, no habían aprobado el aborto legal, tal era el caso de Tejas que litigó el tema con una señora. El asunto llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos de América, institución que en una decisión trascendental aprobó el derecho al aborto legal, el caso se conoce como Roe versus Wade y al parecer, su vigencia, va a ser discutida nuevamente por la Suprema.

La legalización del aborto merece una mención especial porque de acuerdo con los autores: Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, dos economistas que han escrito el libro titulado Freeconomics, entre los de mayores ventas en los Estados Unidos de América; es causa fundamental de la baja del índice de delincuencia en ese país. Si la memoria no me falla, dicen esos economista que la referida legalización, es responsable en más de un sesenta porciento de la disminución de la criminalidad. No escapa a los autores el problema moral que esa decisión de la Suprema implica pero aseveran que la Moral trata con lo que idealmente debe ser y la Economía trata con las cosas como son.

La descripción macro de la reducción de la criminalidad en los Estados Unidos de América destaca varios ángulos de ataque:

1. Legalización del aborto
2. Ley RICO
3. Construcción de parques municipales
4. Contratación de más policías
5. Actitud de los policías frente a la ciudadanía

Cierto, las condiciones en el gran país del norte discrepan considerablemente con las del nuestro, por ejemplo, los estadounidenses pueden confiar en su Justicia, la cual constantemente está dando muestras de que es independiente y aplica las leyes vigentes, mientras aquí, resulta que normalmente aparecen pruebas de que ella se ha quitado la venda y mira con ojos diferentes a unos y otros. El primer paso, por tanto, sería adecentar la Justicia para que no siga dando malos testimonios.

Del mismo modo, la Policía norteamericana, si no un ejemplo de moralidad, indudablemente que tiene un elevado nivel de credibilidad, basado, naturalmente, en sus acciones. Esa Policía tiene además los mecanismos internos para corregir las desviaciones de sus miembros y cuando estos no funcionan, externamente se ponen en acción medios que sea por: denuncias en la prensa, por demandas civiles o sometimientos criminales; obligan a los departamentos correspondientes a tomar las medidas de corrección pertinentes. En cambio, nuestra Policía Nacional es una especie de cueva oscura, donde el cobre se bate no sé de cuántas maneras diferentes. No hay que buscar demasiado en la prensa nacional para toparse con escándalos que desafortunadamente se quedan sin ventilar, ni corregir y los responsables confían en la estupidez de los dominicanos para que el caso se olvide en el futuro cuasi inmediato. ¡Grave error!

Ni hablar de la actitud de los policías frente a la ciudadanía. El policía dominicano, sea porque no gana suficiente o porque sabe que no tiene fiscalización adecuada o porque tiene cuotas que cubrir, ve al ciudadano como una fuente de ingresos, no como un ente del que recibe un salario y debe ayudar con presteza.

En cuanto a los parques o canchas deportivas municipales, luce imposible que un alcalde pueda hacer algo más que poner sus partidarios en una nómina abultada e ineficaz y recoger deficientemente la basura. El problema de los ayuntamientos, en general, que hace unos años parecía falta de recursos, hoy es percibido por los parroquianos como de mal manejo, mala administración y de corrupción.

El aborto legal parece imposible en nuestro país con la fuerza que tienen las iglesias y el temor de nuestros políticos de caer en boca de algunos prelados o pastores. ¿Qué influencia ejerce la prohibición del aborto en nuestro país? La respuesta quedaría en manos de expertos en ciencias sociales.

Se me antoja que a las acciones tomadas por los estadounidenses, los dominicanos tendremos que agregar otras, por ejemplo, la educación y justicia social o como gusta decir ahora, mayor gasto social.

¿Cuál sería el efecto de sembrar los barrios marginados con escuelas o escuelitas, talleres, maternales, etc.?

¿Cuál sería el efecto de dar un trato humano, deferente si se quiere, a los que visitan nuestros hospitales y cuál el de que en ellos encuentren las medicinas? ¿Cuál el de que los hospitales estén equipados y tengan material gastable? ¿Cuál el llenar los barrios de dispensarios de primeros auxilios?

En consecuencia, hay mucha tela por donde cortar para reducir la delincuencia dominicana. Si bien, la represión es un elemento fundamental, no es menos cierto que represión llevada a cabo con mano dura, por la Policía y Justicia desacreditadas o abusadoras, probablemente que produzca el efecto contrario, que exacerbe los ánimos y agrave el problema.

Obviamente, la delincuencia es compleja y de seguro requerirá una acción múltiple y mancomunada, con la buena voluntad y colaboración de la ciudadanía, a la que hay que atraer, no alienar.


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