Opinion: Libre para Elegir | 16-11-2008 |
En 1980, Milton Friedman publicó el libro como el título (“Free to Choose”) que se hizo muy popular, convirtiéndose no sólo en lectura obligada para economistas, empresarios e intelectuales, sino en una especie de guía que selló como incontestable la fuerza autoreguladora del mercado. El autor fue ungido con el premio Nóbel y la teoría ha sido adoptada como norte por organismos nacionales, internacionales y multinacionales. La desregulación necesaria para que las fuerzas del mercado tomaran las riendas en lugar de los organismos oficiales creados para tal fin, hicieron que ésos, aunque no desaparecieron, se hicieron más laxos, motu propio o empujados por algún interés interno o externo. Se derivó un corolario muy importante, si las fuerzas del mercado son las que van a actuar, los gobiernos no pueden ser tan grandes o fuertes, puesto que el mercado, entiéndase la empresa privada hará el trabajo de regulación. De ahí surge el precepto: Gobierno pequeño. En consecuencia, hay que privatizar todo lo que pertenece al Estado y es administrado por el gobierno. Subyace a todo ese razonamiento que la empresa privada parte importante del comportamiento del mercado, está dirigida por personas que sólo les interesa hacer un beneficio justo, despojados de la avaricia, egoísmo y el afán de poder. También asume que el mercado está bien desarrollado y por tanto hay una competencia que permite al cliente discriminar entre ofertantes de bienes y servicios. En países del primer mundo como los Estados Unidos de América y en Europa con sus multiples ejemplos de ejecutivos voraces y avaros han probado esas hipótesis incorrectas, se pueden citar casos espectaculares de desfalco cuyo solo propósito fue timar al público y hacerse de un dinero. Veamos ahora países como la República Dominicana donde por más que se hable de las fuerzas del mercado, la realidad que comprobamos todos los días es que el mercado dominicano está muy lejos de parecerse a los mercados estadounidense o europeos, no me refiero sólo a precios, sino al tratamiento del intercambio comercial con un cliente. En un mercado débil como el dominicano, con instituciones tambaleantes, hipertrofiadas con sus administradores, cada cual en lo suyo, sería bueno preguntar ¿Qué chance de funcionar más o menos adecuadamente tiene esa teoría? La respuesta a esta pregunta es retórica, porque la respuesta la hemos sufrido. Esta tésis se aplica, a mi juicio, al resto de los países de la america latina, aun a los que aparentan más avanzados, porque en realidad, cuando se quita lustre de esa apariencia las convicciones de principios en esos países no son más profundas que el lustre que cubre el título de sus famas. Desde luego, no es que todas las privatizaciones sean desaconsejables. A mi juicio, hay una diferencia fundamental entre privatizaciones que proviene del tipo de empresa, cuando las empresas son estratégicas, como los puertos estadounidenses o la energía española, el ejemplo ha seguir es el que han marcado esos países. Cuando se trata de producir pinturas, harina, tuberías de distintos tipos, cemento, etc., pienso que el estado no tiene nada que buscar en esos menesteres. Siempre que las ventas se hagan honestamente. Si algo parece que ha fracasado claramente es el modelo propulsado por Friedman, los ejemplos, algunos dramáticos se cuentan por decenas o cientos. No obstante, los mismos argumentos se esgrimen constantemente, cosa que no me extraña porque en cada aventura de privatización algunos ganan un montón de millones. Publicado por: Julio Santos-Cayado |
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